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domingo, 27 de febrero de 2011

El lugar histórico de Néstor Kirchner, por Alberto Lapolla*

Un hombre  fiel a su época
Transcurridos cuatro meses ya del fallecimiento del ex Presidente Néstor Kirchner, queremos reflexionar sobre su impronta en la historia política argentina reciente, más allá de lo estrictamente circunstancial. Será Kirchner quien continuará la construcción institucional democrática abandonada por Raúl Alfonsín en el aciago fin de semana santo de 1987 con sus famosas ‘Felices Pascuas’, que antecedieron a la Obediencia Debida, el Punto Final y al indulto menemista, que cancelaron la en general, correcta construcción democrática desarrollada hasta allí por el líder radical. De tal forma la impronta kirchnerista se centrará en liquidar democráticamente la impunidad y  la atrocidad de los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado mandando a la cárcel a los asesinos, violadores, torturadores y ladrones de niños. A partir de allí Kirchner -y luego Cristina Fernández-, obligatoriamente llevará la construcción democrática nacional al lugar abandonado por Alfonsín y renegado por Carlos Saúl y el gobierno de la Alianza. A partir de esa recuperación ética-institucional imprescindible, Kirchner avanzará en la recuperación del Estado-nación argentino destruido por el menemato. Kirchner, un hijo de los setenta que supo guardar silencio durante la dictadura y acumular poder en medios hostiles, al mejor estilo de Juan Perón –un mapuche  que llega a general dentro del ejército de Roca-, comenzará una marcha sin renuncios en la reconstrucción de una Patria justa libre y soberana en los tiempos de la tercera etapa de la globalización imperial y en una nueva época histórica indoamericana. Claro que Kirchner no llega allí  por casualidad, sino porque el pueblo argentino, retomando sus mejores tradiciones e historia concreta -en el decir gramsciano- había asestado –al costo de 35 muertos y más de 100 heridos de bala- un golpe mortal al modelo neoliberal, en lo económico y en lo político, con su gloriosa rebelión del 19 y 20 de diciembre de 2001. Rebelión que aplastó la construcción económica y política del menemato y la dictadura. Es un indudable mérito histórico de Kirchner el haber entendido que sólo se podía gobernar acompañando el huracán político y social que sacudía al país  y no enfrentándolo o negándolo, como pretendió Duhalde o pretendían el conjunto de los políticos pejotistas, radicales y frepasistas alcanzados por el ‘que se vayan todos’ proclamado por el pueblo en la calle. Es así que Kirchner iniciará su presidencia en medio del mayor temblor político que sacudiera la nación, tal vez desde la gesta emancipatoria. El pueblo puro había alcanzado tal grado de movilización y organización política a través de un gigantesco Movimiento Piquetero (expresión genuina  de la clase trabajadora desempleada) que recorría todo el país, de las Asambleas Populares (expresión política de los sectores medios urbanos en el mejor estilo de  las jornadas de Mayo de 1810) y el movimiento de Empresas Recuperadas que expresaba con nitidez el grado subyacente de conciencia y organización remanente de nuestra clase trabajadora, luego de ser devastada por Martínez de Hoz, Videla, Cavallo y Carlos Saúl. El grado de movilización del pueblo argentino era de tal magnitud que el súper-halcón Donald Rumsfeld, ministro de Defensa de G. W. Bush, supo decir: ‘el  problema de la Argentina no es la crisis financiera. El problema argentino es toda esa gente en la calle.’ Esa movilización imponía sólo dos caminos posibles: aplastar militarmente la rebelión como proponían Ruckauf, De la Rúa, Duhalde, Cavallo y Carlos Saúl o, acompañarla para construir una segunda etapa del sistema democrático argentino interrumpido por las ‘Felices Pascuas’ y la traición menemista. Kirchner, tuvo el coraje, la sabiduría y la fidelidad a sus ideales juveniles, como para entender que  en realidad el único camino posible era éste último y se puso manos a la obra, comenzando a desmontar pieza por pieza el modelo neoliberal.

Reconstruir el Estado-nación
De allí que el proyecto de Néstor Kirchner se caracterizará por una recuperación gradual y paulatina, pero inflexible, de los derechos del pueblo y los intereses soberanos de la nación, sin apelar jamás a la represión del movimiento popular, cuestión en la que se  diferencia de casi todos sus antecesores. La segunda cuestión que Kirchner debía resolver, residía en devolver la primacía de la política por sobre la economía. Y esta cuestión no es moco de pavo para la democracia de un país semicolonial. El pueblo elige al Presidente no a  los ministros. Sin embargo a lo largo de nuestra historia y en particular luego de 1955, el verdadero poder  residía en los ministros de Economía y no en los presidentes con los ejemplos más lamentables de Carlos Saúl y De la Rua. Kirchner logra en un período breve conducir él la economía y abordar los principales problemas económicos heredados del neoliberalismo. Kirchner logrará mantener y estabilizar la moneda en un tipo de cambio altamente favorable para recuperar el modelo productivo (sólo como ejemplo, una hectárea en Pergamino, pasaría de valer 2500 U$S, en 2001 a 25.000 U$S en 2008), permitiendo la salvación de los productores agropecuarios (los Bancos Nación y Provincia tenían 35 millones de hectáreas hipotecadas), la recuperación de amplias capas empresariales quasi desaparecidas, la reindustrialización de gran cantidad de empresas nacionales (entre 1976 y 2001 se cerraron 220.000 industrias, entre 2003 y 2009 se reabrieron 130.000) permitiendo a su vez la recreación del mercado interno. Este conjunto de  políticas productivistas permitirán que la nación crezca al 8-9 % anual entre 2003 y 2010, con excepción de 2009 por la crisis mundial. Estas cifras implican el período de mayor crecimiento en la historia económica del país. Luego en oposición al ministro Lavagna, Kirchner logrará el mayor quite de deuda externa de la historia financiera internacional, logrando reducirla en un 65%. Esto unido a una política de permanente desendeudamiento permitió que la deuda externa pasara de representar el 80% del PBI en 2003 al 30% en la actualidad, un logro meritorio de amor a la Patria. En contrario a las políticas aplicadas desde 1976 en adelante, Kirchner hará las mayores inversiones en obra pública que se recuerden desde 1945, recuperando empleo, infraestructura, vivienda, escuelas y obra estratégica. Aplicará una correcta política de retenciones a las materias primas recuperando parte del financiamiento del Estado destruido por el neoliberalismo, y evitando que los precios internacionales de las materias primas afecten el consumo interno de los argentinos. De hecho será el primer gobierno desde 1973 que aplicará una política especial de protección y ampliación del mercado interno y del consumo popular, evitando que el modelo agroexportador sojero disparara los precios internos de los alimentos. Aplicará una correctísima política de crecimiento de reservas y superávit financiero que dotarán a la nación de las mayores reservas de su historia, colocándola en una situación inmejorable para recuperar su soberanía política, lo cual permitió pagarle al FMI y liberarnos de su tutela imperial impuesta en 1955. Esta política será acompañada por un tercer factor que consistirá en un accionar concreto y permanente de recuperación del ingreso de los sectores populares, a pesar de que algunas medidas –como la asignación universal por hijo- se retrasaran varios años. La distribución del ingreso a favor de los sectores populares sufrirá un aumento permanente hasta llevarnos hoy, a poseer la mejor distribución del ingreso de toda Indoamérica. Su política de lograr que más de dos  millones de jubilados expulsados del sistema provisional por Cavallo, pudieran incorporarse al mismo, es uno de los mayores logros de reparación social de nuestra historia, medida que sería completado en el gobierno de Cristina Fernández con la reestatización del sistema jubilatorio, tal vez la medida estructural de cambio de modelo más profunda propuesta por el kirchnerismo. Medida que además permitió a los trabajadores volver a pensarse como clase pues los trabajadores de hoy pagan la jubilación a los de ayer y así de seguido, eliminando el concepto individualista y anticlasista de las AFJP. La recuperación casi inmediata del movimiento obrero luego de la reestatización del sitema jubilatorio está directamente vinculado a esta medida, revolucionaria si se la mide en los términos de la devastación neoliberal. De la misma manera los cuatro millones de empleos creados, permitieron comenzar a arrasar la miseria y fueron devolviendo a la clase trabajadora a su lugar central en la sociedad. Es bueno recordar que casi no hubo huelgas, paritarias, ni accionar sindical decisivo entre 1989 y 2001, a partir de 2003-2004 los sindicatos comienzan a recuperar su rol gracias a la generación creciente de empleo. Estas políticas se acompañaron de un accionar que impidió el aumento permanente de las tarifas públicas congelándolas durante un largo ciclo, acabando con el modelo de saqueo al pueblo instaurado por el menemato. Su política de subsidios a los servicios públicos fue central para mantener los niveles de ingresos de la población carenciada y al mismo tiempo para mejorar la infraestructura nacional, aun cuando podría haber cabido la posibilidad de haber avanzado en mayores renacionalizaciones de servicios públicos. Estas y otras medidas estructurales esenciales que no vamos a enumerar por respeto al espacio, permitieron que el Estado-nación se recuperase en un tiempo histórico muy breve y la Argentina posea hoy una solidez estructural envidiada y aplaudida en el mundo entero, en medio de una devastadora crisis estructural internacional.

Un protagonista central del nuevo tiempo histórico continental
Si bien algunas de las medidas que consolidaron este modelo fueron tomadas durante el gobierno de Cristina Fernández, entendemos que se trata del mismo proyecto y que por ende los méritos históricos corresponden a ambos. Una vez consolidada la recuperación del estado-nación correspondía consolidar el sistema democrático abordando ahora la democratización de las bases materiales del mismo, ya no bastaba con acabar con la impunidad sino que había que acabar con  la impunidad del poder económico que controlando lo medios de comunicación, puede ejercer un rol de dominio sobre la sociedad en su conjunto. Así a partir del conflicto con los rentistas sojeros por la resolución 125, surgió claramente que para poder avanzar más en la distribución de la renta nacional, hacían falta medios de comunicación de la democracia y se llegó a la Ley de Medios de la democracia, una de las mayores revoluciones culturales de nuestra historia. Ley que permitirá una construcción plural democrática y colectiva de un nuevo poder popular, que necesariamente debe acompañar este proceso de cambio estructural argentino y continental. La ley de Matrimonio Igualitario, la democratización del acceso al fútbol –una de las mayores construcciones colectivas del pueblo argentino- y la televisión digital gratuita completan por ahora, esta profunda transformación democrática de la sociedad nacional.
Por último, pero primero en orden estratégico, Kirchner fue decisivo en profundizar este nuevo tiempo histórico continental inaugurado por la gran Revolución Bolivariana Venezolana. Fue Néstor Kirchner quien tuvo el coraje -a nombre de toda Sur América- de decirle no al ALCA en Mar del Plata, dejando a George W. Bush pedaleando en el aire. Fue él quien promovió la fuerte alianza con Venezuela y Brasil, dando impulso y sustento profundo a la unidad continental. Argentina, Brasil y Venezuela pueden, por su poderío económico, estratégico, territorial e histórico, liderar -eludiendo deseos hegemónicos- la transformación y unidad del continente en forma concreta. El hecho simbólico de que de Argentina y Venezuela hayan partido los ejércitos libertadores de la gran Revolución Emancipatoria tampoco puede dejarse de lado, sobre todo en tiempos del Bicentenario. Kirchner entendió cabalmente, la aguda y amarga sentencia de Perón, ya en su exilio, en el sentido de que sin la unidad continental la liberación de Indoamérica era imposible. Cabe destacarse su rol de apoyo personal y político a Evo Morales, ayudándolo a desenredarse de los viejos apotegmas de la izquierda dogmática para poder construir un nuevo poder popular y de gobierno concreto en los tiempos que corren, accionar que fuera reconocido por Evo al señalar para mi, Kirchner es como un padre. Kirchner –y también Cristina Fernández- fueron decisivos en impedir la guerra entre Ecuador y Colombia, la agresión separatista boliviana y la brutal provocación de Álvaro Uribe contra Venezuela. De tal forma su rol fue fundamental en la construcción de este nuevo tiempo americano, donde él, Lula, Chávez, Evo y Correa han abierto las exclusas de un hermoso futuro para el continente.
Así Néstor Kirchner entra en la historia como el hombre que supo estar a la altura de la demanda histórica que le tocó vivir, que recuperó el Estado-nación argentino devastado,  depuró el sistema democrático y jugó un rol decisivo en la construcción del nuevo tiempo americano. Pero esencialmente -y por ello la masividad, emotividad y la avasallante presencia juvenil de sus exequias- Néstor Kirchner fue quien devolvió al pueblo argentino las ganas de creer en el futuro, de seguir sintiéndose orgullosos de ser argentinos y argentinas, devolviendo a la política su rol principal: ser la herramienta transformadora de la sociedad. En un sentido profundo Kichner, nos devolvió la esperanza lo cual ya sería suficiente para ocupar un lugar destacado en la historia, pero además abrió el camino de la Tercera Etapa del Movimiento Nacional Popular y Revolucionario del pueblo argentino en tanto indoamericano. Pero, a pesar de todo  esto, como nos duele su temprana muerte.

* Director del Instituto de Formación de la Central de Movimientos Populares

miércoles, 2 de febrero de 2011

Nunca Menos

GRACIAS NÉSTOR!!!!!!!!!!!!
                                           FUERZA CRISTINA¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
NI UN PASO ATRÁS EN LOS DERECHOS Y LAS CONQUISTAS DEL PUEBLO!!!!!!!!!!!


UN GRAN ABRAZO SANMARTINIANO COMPAÑERO¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡


sábado, 18 de diciembre de 2010

Al César lo que es del César

Difundimos nota de Salvador Treber, públicada en La Voz. Números de la Deuda Externa hasta el arribo del cro Néstor, y el análisis sobre su capacidad de maniobra y acción. A leer por la pluma de Treber.

La personalidad del fallecido ex presidente Néstor Kirchner era de las que generan adhesiones y enconos. Temperamental, impulsivo, hiperactivo, directo y, a veces, bastante agresivo en sus expresiones, Kirchner defendía con pasión sus convicciones y no cesaba ante los obstáculos para llevarlas adelante.
No es todavía el momento oportuno para discutir –con serenidad y despojados de parcialidad– lo que ha significado su gestión en forma global y extraer conclusiones objetivas sobre lo que dejó.
Lo cierto es que en los cuatro años de su mandato (2003-07), el Producto Interno Bruto (PIB) creció en forma acumulada nada menos que 52 por ciento, que, además de recuperar una caída previa de 20,9 por ciento del trienio 1999-2002, permitió comenzar a escalar a un ritmo tal como nunca había sucedido. Traducido a números, ese fuerte envión, que aún perdura, se refleja en que en los últimos ocho años hubo una expansión de la economía de 89,6 por ciento, desconocida en los últimos 100 años.
Para unos, en elevado grado, es un mérito incuestionable de la conducción gubernamental que imprimió su impulso; para otros, apenas efectos inducidos y generados por un favorable “viento de cola” –tanto en cuantía como en precios– que han beneficiado circunstancialmente la colocación de nuestros excedentes exportables.
En evaluaciones notoriamente divergentes no sólo gravitan factores de concreta medición, sino, muy especialmente, subjetivos y emocionales, sobre cuya posible certeza tampoco es tiempo para dilucidar cuál es el enfoque más cerca de la verdad.
Deuda externaEn cambio, en la evolución registrada en materia de deuda externa no cabe duda de que ha tenido un protagonismo decisivo. Los resultados y la modalidad con que se manejó en esa crucial emergencia, que jaqueaba la marcha de toda la economía, fueron un éxito total.
Para advertirlo, cabe revisar la historia de su piramidal incremento entre 1976 y 2005. La misma comienza a elevarse velozmente en los más de siete años del proceso militar de 1976 a 1983, al pasar de 7.800 millones a 43.500 millones de dólares, es decir, multiplicándose casi por seis. Sobre ese período, el anuario 1983 del Banco Mundial emite un juicio lapidario: no menos de 28 mil millones se contrajeron sin necesidad alguna y sólo sirvieron para facilitar la salida de utilidades convertidas previamente en divisas, 
en especial del sector financiero.
Durante el gobierno de Raúl Alfonsín (diciembre de 1983-mayo de 1989), la precitada cifra subió a 57.500 millones, que implica un ascenso de más de 30 por ciento, sustentado en la capitalización parcial de intereses que no se pudieron pagar en cada ejercicio fiscal debido a las altas tasas internacionales, que llegaron a 20 por ciento anual.
Pero el “salto” más espectacular de la deuda externa pública se verificó en los 10 años y medio de la administración de Carlos Menem. En 2000, pese a haberse vendido las principales empresas del Estado al capital privado para amortizarla, alcanzaba la astronómica cifra de 124.500 millones, o sea, un insólito incremento de 116,5 por ciento.
La creación de las administradoras de fondos de jubilaciones y pensiones, hacia las cuales se desviaron los ingresos provenientes de los aportes de los afiliados, lo cual desfinanció al sistema público, fue compensada tomando créditos externos por 40 mil millones. Otro tanto se convino para cubrir el déficit de las cuentas externas, con fuertes desequilibrios debido a la vigencia del “uno a uno” o “convertibilidad”, que estimulaba todo tipo de importaciones.
La herencia recibidaLas cinco fugaces presidencias que se sucedieron luego hasta mayo de 2003 tomaron 28.500 millones adicionales a cualquier costo, con lo cual se llegó en 2004 al tope máximo de 152.992 millones. Esa era la situación cuando asumió Néstor Kirchner, con el agravante que uno de sus antecesores –que ocupó el sillón de Rivadavia sólo siete días–, en forma solemne y tono triunfal, proclamó ante la Asamblea Legislativa eldefault . Ese acto, que su desinformación técnica e ingenuidad provinciana no alcanzaron a medir, implicaba un audaz desafío al poder financiero internacional, el cual nunca habría de perdonarnos.
No obstante, mediante una audaz operación, Kirchner logró la renovación de la deuda con una quita del 67,5 por ciento sobre los importes adeudados, aunque respetó en su totalidad la de los créditos provenientes de organismos y asociaciones internacionales. Ese elevado porcentaje de rebaja es, por mucho, el más alto logrado en la historia financiera del mundo, ya que en los demás antecedentes no se pudo llegar ni a la mitad de esa quita.
A ello se debe agregar la cancelación total, en un solo pago, de lo adeudado al Fondo Monetario Internacional (FMI) –9.850 millones–, que se concretó utilizando reservas extraídas del Banco Central, con lo que se buscó evitar en el futuro la imposición de programas recesivos por parte del organismo.
De esa forma comenzó el ejercicio 2006, acotando la deuda pública en moneda extranjera a 68.500 millones, mientras la contraída por el sector privado se ubicaba alrededor de los 55 mil millones. Es evidente que desde ese momento empezó una nueva etapa, sin grandes problemas en ese aspecto y con decrecientes tensiones, libres de las habituales asfixias que habían hecho muy problemático programar o proyectar la economía y la consolidación de las empresas.
En la actualidad, asciende sólo a 44.560 millones de dólares. Lo que antes era una enorme y traumática carga, que condicionaba el manejo de las grandes variables, ya no incide ni afecta la actividad, sustentando las expectativas de expansión para los años futuros.
Y esto ha tenido como cerebro y ejecutor a Néstor Kirchner, que sólo por ello se ganó una página en la historia grande del país. Al César, lo que es del César.

Salvador Treber es Profesor de posgrado de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNC

jueves, 25 de noviembre de 2010

La muerte . . . y la frustración del morbo . . .

Hay vidas que en vida, se degradan mucho más que la degradación que produce la muerte en la muerte . . .
Consecuente con este criterio, transcribimos textualmente para compartir con los lectores, este excelente escrito de una joven judía -graffiti ella- en un muro de la Capital.

“La exhibición de cadáveres siempre me fue ajena. Los judíos velamos a los muertos a cajón cerrado. Siempre es así, siempre ha sido así.
Supe de ese ritual a mis 14 años, cuando falleció Victor, el padre de mi madre. Mi abuelo paterno, don Julio, mi maestro, a quien tanto le debo en esta vida y de quien tanto aprendí, me explicó en medio del dolor por esa pérdida que los judíos velábamos a los muertos de ese modo para respetarlos, para recordarlos tal y como quisiéramos recordarlos, dejando de lado la imagen de un cuerpo desposeído de todo: de su color, de su vida, y hasta de su alma. El cajón cerrado supone un ejercicio de la memoria; es el culto a la memoria antes que a la muerte. El cajón cerrado es la victoria de la vida sobre la muerte.
No hace falta ser judío para comprender esto. En sucesivos velorios a los que he asistido en mi vida, evité ver al muerto en su impúdica exposición. Recordando las palabras de mi abuelo, siempre preferí mantenerme a distancia del cajón cuando este tuviera la tapa levantada: es mi mayor muestra de respeto.
Lo que hizo Cristina es único y maravilloso: sustrajo a los buitres el cadáver de su esposo. Nos obliga a todas y todos a recordarlo en vida, en su actividad, en su humor (o mal humor). Claro, siempre es más sencillo ver el fiambre y quedarse con eso... pero la memoria es más compleja, y excede el sentido de la vista. La memoria es un hecho político y social. El alma de los muertos, en mi creencia, no se eleva hacia un séptimo cielo o una novena nube, sino que queda entre nosotros, en el recuerdo, en la memoria colectiva que la resignifica y le otorga un sentido preciso.
Cristina, al tiempo que nos entrega a un Néstor vivo, impidió que los mercaderes de la muerte publicasen el jueves 28 en su tapa la peor foto posible. Tengamos por seguro que no iban a seleccionar la foto del Néstor vital, sino que agigantarían la imagen del cadáver aún insepulto. Con un telebeam escrutarían al Néstor indefenso; lo diseccionarían en el programa de Gelblung; se lo comerían en el programa de Mirtha Legrand. De allí su odio, su teoría paranoica del cajón  vacío porque estaba cerrado: Mirtha hubiera querido invitar a su mesa a Néstor Kirchner solo para deglutir su cadáver, acompañándolo con una guarnición de rúcula y arroz con azafrán, servido por una sirvienta negra de uniforme negro con delantal blanco, expresión degradada del lugar que le reserva a los sectores populares.
Mirtha, siempre Mirtha, irreductiblemente Mirtha, nunca podrá tragar a Néstor Kirchner, y aún ella, militante activa del odio y el olvido, deberá recordar a Néstor Kirchner en vida.
Señora Legrand: los únicos cajones que permanecen vacíos son los de los treinta mil desaparecidos. Por una vez en la vida, vieja de mierda, tenga decencia.”

Más allá de lo que puntualiza este texto sobre el odio y el morbo de algunos “comunicadores”, es indudable que hay integrantes de un sector de cierta clase social que se sienten identificados con la “Diva de los almuerzos” porque ésta, desde su Olimpo mediático hace muchos años que les viene formateando las cabezas y a esta altura ya los ha configurado a su imagen y semejanza.
Es evidente también, que ya nadie duda que esta mujer es el símbolo de la figuración, la frivolidad, el elitismo y la hipocresía elevados a su máxima expresión.
Por eso es muy poco lo que se puede agregar a este contundente graffiti en forma de alegato, salvo resaltar la sideral distancia que existe entre los valores humanos del que ya no está, y la obscena egolatría de esta “estrella” mediática.
Como ejemplo baste una reflexión al respecto: El ex presidente quiso ser enterrado en su pueblo natal como un homenaje a su patria chica y a sus amigos de siempre. Allá está, en el panteón familiar, lejos del mundanal ruido y de los fastos y oropeles post mortem a los que tantos son adictos.
Alguien puede imaginarse a Doña “Chiquita” La Grande, pidiendo ser sepultada en el pueblito de Villa Cañás? . . .

jueves, 11 de noviembre de 2010

CASULLO IMPERDIBLE: un hallazgo... de mayo de 2002.

Difundimos fragmento de "Peronismo. Militancia y Crítica" (Publicado el 12 de Mayo del 2002), donde Nicolás Casullo habla de un casi desconocido para muchos Nestor Kirchner. Agradecemos a Carta Abierta La Plata por e envío de esta significante lectura, por cierto ratificatoria de las cualidades politicas y humanas de Nicolas Casullo,  coautor de la primera Carta Abierta. 

NESTOR KIRCHNER
Néstor Kirchner representa la nueva versión de un espacio tan legendario y trágico como equívoco en la Argentina: la izquierda peronista. En su rostro anguloso, en su aire desorientado como si hubiese olvidado algo en la mesa del bar, Kirchner busca resucitar esa izquierda sobre la castigada piel de un peronismo casi concluido después del saqueo ideológico, cultural y ético menemista. Convocatoria kirchnerniana por lo tanto a los espíritus errantes de una vieja ala progresista que hace mucho tiempo atrás pensaba hazañas nacionales y populares de corte mayor.
Revolotean escuálidos los fantasmas de antiguas Evitas, CGT Framinista, caños de la resistencia, Ongaro, la gloriosa JP, la tendencia, los comandos de la liberación, ahora sólo eso, voces en la casa vacía. Por eso un Néstor Kirchner patagónico, atildado en su impermeable, con algo de abogado bacán casado con la más linda del pueblo, debe lidiar con la peor (que no es ella, inteligente, dura, a veces simpática) sino recomponer, actualizar y modernizar el recuerdo de un protagonismo de la izquierda peronista que en los 70 se lleno de calles, revoluciones, fe en el general, pero también de violencia, sangre, pólvora, desatinos y muertes a raudales, y de la cual el propio justicialismo en todas sus instancias hegemónicas desde el 76 en adelante, renegó, olvidó y dijo no conocer en los careos historiográficos. De ahí que en las nuevas generaciones de jóvenes de los últimos 20 años, las crecidas entre Luder y Menem, aquel "peronismo de izquierda" no dejo datos ni rastros: las nuevas generaciones medias no alcanzan a descifrar ese rotulo como algo digno de ser pensado. Por eso, como espacio histórico dramático y fallido, lo de Kirchner tiene el signo de la nobleza, del respeto a una generación vilipendiada con el mote de puro guerrillerismo. Es fiel a una memoria fuerte del país que ningún peronista "referente" se animo a aludir en la nueva democracia, y también signo de aquellos fatalismos. Larga es la lista de enemigos internos y externos de esa izquierda nacional en el movimiento desde el 1953 hasta hoy: los "cobardes, entreguistas, traidores, claudicantes, negociadores, burócratas, mariscales de la derrota, antipueblo" y finalmente esa extraña y exitosa ecuación de modernización y renovación justicialista que desemboco en el menemismo-liberal que enamoro a todos los poderes reales en la Argentina. Lista de defecciones tan eterna y concreta que casi termino siendo, desde 1955, la historia real del peronismo. La de sus defecciones.
En esa temeraria pelea esta inscripto hoy el de Santa Cruz. Según muchos Kirchner asume la responsabilidad de una pieza semiarqueológica: los militantes peronista "setenteros", ahora cincuentones, quienes viven la biografía del movimiento del 45 como sentados en una estación abandonada y ventosa muy al sur del país por donde volver a pasar, aunque todavía no se note, ni se crea, ni se oiga, aquel verdadero tren de la historia que algún día podrá llenar de humo purificador la patria.
Sentados en el anden vacío y destartalado, como a una hora señalada, los del grupo toman mate, hacen muñequitos de madera con las navajas, parrillan corderitos en la estación sin nadie, miran de soslayo por si se acerca alguien, y achican los ojos cada tanto con las manos de visera en pos de un imaginario punto negro, lejano, que se vaya agrandando sobre las vías con su silbato anunciador. La cuestión es no dar demasiados datos de esa espera. Por eso Kirchner habla rápido, a veces medio desprolijo, o deambula confusamente entre cámaras de noticiero tratando de coincidir con la memoria de los mártires, con el subsuelo del tercer cordón ex -industrial, o con una histérica cacerolera de Belgrano R. Porque en realidad esta diciendo algo difícil, complejo, discutible, pero a lo mejor por eso profundamente cierto en cuanto a por cual sendero se sale realmente de este entuerto donde el país se desbarranca por la ladera perdida toda idea de si mismo, toda imagen nacional.
Es posible que no sea candidato, o  mejor dicho que no le alcance el envión entre los sueños solapados del presidente Duhalde, las encuestas optimistas de De la Sota, la coincidencia de los poderes con Reutemann, las infinitas "re-reelecciones" de Menem, el caradurismo simpático de Rodríguez Saa. Desgarbado, lungo, de palabra directa, esta ultimo en esa lista, cuando cada tanto viene del sur para exigir elecciones ya. Para decir que va por adentro o va por afuera pero no va a entrar en ninguna trenza. Lo converso con mis amigos y el 80 % no lo ubica, lo semitienen en algún rincón de las imágenes del conciente pero no del todo. Les digo que es el fantasma de la tendencia que vuelve volando sobre los techos y sonríen como si les hablase de una película que no se va a estrenar nunca porque falta pagar el master. 
Si rompe con el peronismo corre el eterno peligro de quedarse solo, ser simple izquierda, ser no "negocio". Si se queda adentro, ya nadie sabe en que paraje en realidad se queda: corre el peligro de no darse cuenta un día que él tampoco existe.
En ese maltrecho peronismo que vendió todas las almas por depósitos bancarios, Kirchner es otra cosa: insiste en dar cuenta de que esta no fue toda la historia. Que hay una ultima narración escondida en los mares del sur.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Romance por Néstor Kirchner

Hace menos de ocho años, Fernando de la Rúa decretaba el estado de sitio, luego masacraba manifestantes en el centro de la Capital y después huía en helicóptero. Hace menos de siete, durante el mandato de Eduardo Duhalde, la policía bonaerense asesinaba a los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Las referencias vienen a cuento. Siempre es necesario medir lo que falta, pero también es bueno justipreciar lo que hoy se tiene.
Por eso, cuando recuerdo el infierno del 2001, sólo pido que me despierten si dejo de soñar . . .

Romance por Néstor Kirchner

Como recuerdo a mi viejo,
y por qué no, a un buen amigo,
como sólo se recuerda
al que nunca tendrá olvido.
Como recordaré siempre
a mi hermano, mi mellizo
con quien caminé esta vida
y que está siempre conmigo.
Por eso he de recordarlo
a ese flaco medio bizco
que llegó a la presidencia
siendo un desconocido.
Que a poquito de asumir
bajó cuadros de asesinos,
que anuló pérfidas leyes
y los sentó en el banquillo.
Que dio un ejemplo ante el mundo:
llevar genocidas a juicio,
a pesar que la derecha
no le sacaba el cuchillo.
Que jamás reprimió a nadie
tan siquiera . . . ¡un herido!
porque privilegió la vida
como un dogma político.
Y fue el único que abrazó,
como nadie antes lo hizo
a nuestras Madres y Abuelas,
diciéndoles “Soy su hijo”
El que estuvo junto a ellas
desde su largo suplicio
en que pedían justicia
para sus seres queridos.

Que acabó con los embargos
como figura en archivos.
No remató . . . ¡una hectárea!
¡y que lo nieguen los gringos!
Que nos sacó del infierno
en el que nos habían metido
los que hoy son “opositores”
con descaro y con cinismo.
Rajó al Fondo Monetario
que nos tenía de hijos,
y el nuevo Siglo nos halla . . .
¡Libres, jamás vencidos!
Porque puso al país de pie
después de tanto sufrirlo
y nos devolvió el orgullo
al fin, de ser argentinos.

Compañero setentista
de los sueños reprimidos,
¡que no estaban muy errados
y este hoy, es el fiel testigo!
¡Qué orgullo que seas vos
militante “subversivo”
quien juzgue a los represores
de los desaparecidos!
Tenías que llamarte Néstor
apasionado, hiperactivo,
y, por si esto fuera poco
 además, un flor de tipo.

Tenías que llamarte y ser . . .
¡Como mi hermano querido!

DelsioEvarGamboa
2mil0

Laborde. Cba. Arg.

domingo, 31 de octubre de 2010

Néstor y lo que viene, por Mempo Giardinelli

Escribo esto en caliente, en la misma mañana de la muerte anunciada de Néstor Kirchner, y ojalá me equivoque. Pero siento dolor y miedo, y necesito expresarlo.
Pienso que estos días van a ser feísimos, con un carnaval de hipocresía en el Congreso, ya van a ver. Los muertos políticos van a estar ahí con sus jetas impertérritas. Los resucitados de gobiernos anteriores. Los lameculos profesionales que ahora se dicen "disidentes". Los frívolos y los garcas que a diario dibujan Rudi y Dany. Todos ellos y ellas. Caras de plástico, de hierro fundido, de caca endurecida. Aplaudidos secretamente por los que ya están emitiendo mailes de alegría feroz. 
Los veremos en la tele, los veo ya en este mediodía soleado que aquí en el Chaco, al menos, resplandece como para una mejor causa.
Nunca fui kirchnerista. Nunca vi a Néstor en persona, jamás estuve en un mismo lugar con él. Ni siquiera lo voté en 2003. Y se lo dije la única vez que me llamó por teléfono para pedirme que aceptara ser embajador argentino en Cuba. 
Siempre dije y escribí que no me gustaba su estilo medio cachafaz, esa informalidad provocadora que lo caracterizaba. Su manera tan peronista de hacer política juntando agua clara y aceite usado y viscoso.
Pero lo fui respetando a medida que, con un poder que no tenía, tomaba velozmente medidas que la Argentina necesitaba y casi todos veníamos pidiendo a gritos. Y que enumero ahora, porque en el futuro inmediato me parece que tendremos que subrayar estos recuentos para marcar diferencias. 
Fue él, o su gobierno, y ahora el de Cristina:

—El que cambió la política pública de Derechos Humanos en la Argentina. Nada menos. Ahora algunos dicen que estar "hartos" del asunto, como otros criticaron siempre que era una política más declarativa que otra cosa. Pero Néstor lo hizo: lo empezó y fue consecuente. Y así se ganó el respeto de millones.

—El que cambió la Corte Suprema de Justicia, y no importa si después la Corte no ha sabido cambiar a la justicia argentina.

—El que abrió los archivos de los servicios secretos y con ello reorientó el juicio por los atentados sufridos por la comunidad judía en los '90.

—El que recuperó el control público del Correo, de Aguas, de Aerolíneas.

—El que impulsó y logró la nulidad de las leyes que impedían conocer la verdad y castigar a los culpables del genocidio.

—El que cambió nuestra política exterior terminando con las claudicantes relaciones carnales y otras payasadas.

—El que dispuso una consecuente y progresista política educativa como no tuvimos por décadas, y el que cambió la infame Ley Federal de Educación menemista por la actual, que es democrática e inclusiva.

—El que empezó a cambiar la política hacia los maestros y los jubilados, que por muchos años fueron los dos sectores salarialmente más atrasados del país.

—El que cambió radicalmente la política de Defensa, de manera que ahora este país empieza a tener unas Fuerzas Armadas diferentes, democráticas y sometidas al poder político por primera vez en su historia.

—El que inició una gestión plural en la Cultura, que ahora abarca todo el país y no sólo la Ciudad de Buenos Aires.

—El que comenzó la primera reforma fiscal en décadas, a la que todavía le falta mucho pero hoy permite recaudaciones récord.

—El que renegoció la deuda externa y terminó con la estúpida dictadura del FMI. Y por primera vez maneja el Banco Central con una política nacional y con record de divisas.

—El que liquidó el infame negocio de las AFJP y recuperó para el Estado la previsión social.

—El que con la nueva Ley de Medios empezó a limitar el poder absoluto de la dictadura periodística privada que todavía distorsiona la cabeza de millones de compatriotas.
 
—El que impulsó la Ley de matrimonio igualitario y mantiene una política antidiscriminatoria como jamás tuvimos. 
 
—El que viene gestionando un crecimiento económico de los más altos del mundo, con recuperación industrial evidente, estabilidad de casi una década y disminución del desempleo. Y va por más, porque se acerca la nueva legislación de entidades bancarias, que terminará un día de estos con las herencias de Martínez de Hoz y de Cavallo.
 
Néstor lo hizo. Junto a Cristina, que lo sigue haciendo. Con innumerables errores, desde ya. Con metidas de pata, corruptelas y turbiedades varias y algunas muy irritantes, funcionarios impresentables, cierta belicosidad inútil y lo que se quiera reprocharles, todo eso que a muchos como yo nos dificulta declararnos kirchneristas, o nos lo impide.
Pero sólo los miserables olvidan que la corrupción en la Argentina es connatural desde que la reinventaron los mil veces malditos dictadores y el riojano ídem. 
De manera que sin justificarle ni un centavo mal habido a nadie, en esta hora hay que recordarle a la nación toda que nadie, pero nadie, y ningún presidente desde por lo menos Juan Perón entre el 46 y el 55, produjo tantos y tan profundos cambios positivos en y para la vida nacional.
A ver si alguien puede decir lo contrario.
De manera que menudos méritos los de este flaco bizco, desfachatado, contradictorio y de caminar ladeado, como el de los pingüinos.
Si, escribo esto adolorido y con miedo, en esta jodida mañana de sol, y desolado también, como millones de argentinos, un poco por este hombre que Estela de Carlotto acaba de definir como "indispensable" y otro poco por nosotros, por nuestro amado y pobrecito país.
Y redoblo mi ruego de que Cristina se cuide, y la cuidemos. Se nos viene encima un año tremendo, con las jaurías sedientas y capaces de cualquier cosa por recuperar el miserable poder que tuvieron y perdieron gracias a quienes ellos llamaron despreciativamente "Los K" y nosotros, los argentinos de a pie, los ciudadanos y ciudadanas que no comemos masitas envenenadas por la prensa y la tele del sistema mediático privado, probablemente y en adelante los recordaremos como "Néstor y Cristina, los que cambiaron la Argentina". 
Descanse en paz, Néstor Kirchner, con todos sus errores, defectos y miserias si las tuvo, pero sobre todo con sus enormes aciertos. Y aguante Cristina. Que no está sola.
Y los demás, nosotros, a apechugar. ¿O acaso hemos hecho otra cosa en nuestras vidas y en este país? 

Réquiem por Néstor Kirchner

Hay hombres que luchan y son necesarios, hay otros que luchan siempre y son importantes, pero hay hombres que entregan su vida por un ideal . . . esos quedan en la Historia . . .
  
Réquiem por Néstor Kirchner

Soneto

Ha caído un Grande en el intento

de luchar por su ideal un día más,
la muerte le ha dicho “no va más”
y millones elevan su lamento.

La pasión que en su vida fue el sustento,
es el legado inmortal que llevará
a la victoria final, y brillará
como el sol de su claro pensamiento.

Perdurará la excelencia de su obra
y sólo puñal que ahonda la partida
será esa muerte cruel, y repentina.

¡Nunca más el fracaso y la zozobra!
Con el ejemplo ciclópeo de su vida
le trazó el futuro a la Argentina . . .

Porque no ha predicado en el desierto
ni jamás morirá . . . ¡Aunque esté muerto!

DelsioEvarGamboa
2mil0

Murió Kirchner, nació el kirchnerismo

Editorial publicado el 29 de Octubre de 2010. Por Roberto Caballero, director de Tiempo Argentino.

La sensación es que, muerto Kirchner, el kirchnerismo tiene una salida: nacer de una vez por todas. Construir organicidad. Abandonar los jirones para transformarse en bandera de los millones de personas que creen que hoy estamos mejor que hace diez años.

 

No sé, tengo la impresión de que murió Néstor Kirchner y nació el kirchnerismo. Voy a escribir en voz alta o, mejor dicho, pensar con las teclas, así que no busquen en estas líneas un tratado político, sino apenas un catálogo de ideas desordenadas escritas al calor de estas jornadas. Para lo otro, mejor léanlo a Brienza, o a J. P. Feinmann (ayer escribió algo maravilloso en la contratapa de Página/12: a propósito, ¿cuándo se vendrá para Tiempo Argentino?) Bueno, les decía. Mi tesis es que Kirchner murió y nació el kirchnerismo. Resulta difícil describir qué es, precisamente, eso del kirchnerismo. ¿Es Moyano? ¿Es Hebe? ¿Son los intelectuales de Carta Abierta? ¿Son Pablo Echarri y Florencia Peña? ¿Es la CTA de Yasky y Milagro Sala? ¿Es Sabbatella? ¿Son los invitados de 6,7,8? ¿Es Heller? ¿Son los intendentes del Conurbano? ¿Es Larroque y La Cámpora? ¿Son D’Elía y el Chino Navarro? ¿Es Moreno? ¿Es Taiana, que renunció hace poquito para volver recargado? ¿Son los setentistas, muchos de ellos víctimas de la represión, la cárcel y el exilio, que ahora caminan por la Rosada sin miedo? ¿Son las multitudes de las barriadas que ayer reventaron la Plaza de Mayo? ¿Los pibes que reciben la Asignación Universal por Hijo? ¿Es Carlotto? ¿Son los viejos 
desocupados que consiguieron trabajo? ¿Son los millones de hinchas que ahora pueden ver fútbol gratis? ¿Los jubilados que ingresaron en el sistema? ¿Los que trabajan en cooperativas de los municipios? ¿Los gays, lesbianas y trans que ahora se pueden casar con libreta? ¿Es la militancia juvenil sub-20, que asoma entusiasta en el MPR, en el Movimiento Evita y en la Juventud Sindical de Facundo Moyano?
Es, sin duda, todo eso. Pero todo eso es, en sí mismo, un universo plural desarticulado, donde algunos se definen abiertamente como kirchneristas y otros jamás lo harían. Y, sin embargo, toda esa gente reconoce −en mayor o menor medida, con mayor o menor generosidad− que Néstor primero y Cristina después les permitieron soñar con un país que los tenga en cuenta.
Todos y cada uno de ellos levantan alguna bandera que se toca con la agenda del gobierno. Moyano dice que es oficialista del modelo nacional y popular, Sabbatella es oficialista del proceso de cambio e inclusión iniciado en 2001, los actores son oficialistas de la nueva Ley de Medios, las Madres y Abuelas son oficialistas de la política de Derechos Humanos, el peronismo de izquierda es oficialista de la lucha antimonopólica y anti-Clarín, y así podríamos seguir con cada uno de ellos para descubrir con asombro que casi todos dicen cosas parecidas, pero lo único que los aglutina es la independencia que unos demuestran frente a los otros, aunque se muestren juntos en marchas y movilizaciones puntuales. Acá es donde hace agua el análisis de Beatriz Sarlo, cuando advierte sobre un gran entramado cultural y político que realiza tareas coordinadas desde algún sótano misterioso de la Rosada. La verdad que eso no existe. Si no, el kirchnerismo existiría como opción política, por fuera de Néstor y Cristina. Y no, no existe. O, para que no me malinterpreten: institucionalmente es apenas un grandioso y epocal envase. Cada sector simpatizante lo nutre con lo que más le gusta de un proceso que es tan rico como tumultuoso e invertebrado.
Pero con la muerte de Néstor Kirchner se abre un panorama de incertidumbre. Esta es la verdad. Me pregunto: ¿la adhesión circunstancial, no institucionalizada, puede hacer peligrar el rumbo de eso que se llama “modelo”? Digámoslo sin vueltas: la derecha conservadora, con Clarín y Techint (AEA), la Rural, Cobos y Duhalde a la cabeza, sabe cómo juntarse. Tiene infinitos canales de comunicación e intereses comunes, que la muestran como bloque cuando la ocasión se presenta. 
Y ellos saben qué país chiquito quieren. No les da asquito sentarse a la misma mesa para lograr su utopía. ¿Pasa lo mismo con el kirchnerismo? ¿No les da la sensación de que, a veces, hay kirchneristas de primera y otros de segunda, que están más atentos a diferenciarse que a parecerse?
Decía que la muerte del ex presidente genera incertidumbre. La enorme liquidez identitaria del kirchnerismo (leyendo a Bauman) sirvió para llegar hasta acá.  Inclusión social, Derechos Humanos, autoridad estatal, federalismo, autonomía nacional, fomento a la producción son progresos inimaginables hace una década. Esta indefinición permitió que millones de personas se sintieran parte del todo, sin asumir los riesgos del conjunto. Creo que la muerte de Néstor interpela al kirchnerismo inorgánico. (No sé si dejó algo escrito. Algunos dicen que sí. Sería interesante leerlo.) Pregunta desde el más allá: qué vamos a hacer con el más acá, ahora mismo. Es fácil gritar “fuerza Cristina”, ¿no? Más difícil resulta, por ejemplo, aceitar los lazos y la mutua comprensión entre Moyano y Yasky. O entre Sabbatella y los intendentes K del Conurbano. O entre Moreno y Carta Abierta. ¿Fueron estas diferencias el alimento de una gaseosa ideología que podría llamarse kirchnerismo ad hoc, útil para sostener en el gobierno a dos personas en todo este tiempo? ¿Es la debilidad congénita de esta experiencia política, ahora que la reacción (basta leer el pliego de condiciones de Rosendo Fraga en La Nación) se frota las manos para ir por todo?
Como ven, tengo más preguntas que respuestas. La sensación es que, muerto Néstor, el kirchnerismo tiene una salida: nacer de una vez por todas. Construir organicidad. Abandonar los jirones para transformarse en bandera de los millones de personas que creen que hoy estamos mejor que hace diez años. Estructurar un programa que reúna las aspiraciones de todos los que ayer en la Plaza de Mayo, tocados en el alma, se miraban a la cara y se reconocían. Dejar de lado los prejuicios, revisar las propias certezas, abandonar el espíritu de secta, admitir que el otro puede tener la parte de la razón que me falta: son los imperativos de esta hora.
Ni Moyano es Primo de Rivera.
Ni Sabbatella es el progresismo afrancesado.
Lo más complejo, siempre, es consensuar un liderazgo. Pero eso ya está resuelto.
Es Cristina. <

viernes, 29 de octubre de 2010

Difusión: Lacolla y Néstor Kirchner


La muerte de Néstor Kirchner golpea el entramado político argentino y produce, amén del dolor por la desaparición de su persona, tan ligada al proceso de recuperación de la Argentina, un súbito remolino que desordena el tablero de las perspectivas electorales para el 2011. 
Néstor Kirchner va a quedar como la figura de mayor impronta en la historia argentina de comienzos del siglo XXI, posición que sólo podría disputarle su esposa Cristina, con la cual, de todas maneras, formó el tándem que piloteó al país en estos tiempos revueltos. A Néstor le tocó asumir una carga que casi nadie quería. Esto es, la difícil empresa de conducir una nación devastada por el período neoliberal que arrancó a mediados de 1975 y que tocó su ápice durante la década de 1990 y los dos primeros años del nuevo siglo. Acuérdense los desmemoriados: el país estaba abrumado por la deuda externa, venía de una etapa de disolución que había visto el sucederse de tres gobiernos en pocos días y la estabilización esbozada por Duhalde se encontraba a su vez tambaleante como consecuencia de una crisis económica sumada a un descontento popular cuya represión volvía a manchar de sangre las calles. 
En esa coyuntura el por entonces presidente Duhalde eligió como candidato del justicialismo al gobernador de Santa Cruz. Lo hizo a regañadientes, después de que Reutemann y De la Sota eludieran quemarse los dedos con una postulación difícil y con pronóstico reservado. Que el país estaba para cualquier cosa lo demostró que en la primera vuelta la primera minoría quedase en manos de Carlos Menem por escaso margen. La segunda vuelta iba a barrer con ese personaje de nefasto currículum, eso estaba claro, y el señor de Anillaco y sus consejeros no encontraron mejor manera de evitar ese trago y, de paso, intentar deslegitimar a su adversario, que retirarse de la competencia. Kirchner llegó así al gobierno con una base electoral inexpresada, cosa que pudo influir en su prudencia respecto de asumir iniciativas reformistas de corte más drástico de las que realmente tomó, pero que serían asumidas durante el posterior mandato de su esposa. Su gobierno se significó de inmediato, sin embargo, por un giro copernicano en la política exterior que acabó con el alineamiento automático a Estados Unidos y que supuso una franca apertura hacia Latinoamérica y la obstrucción y demolición del proyecto del Alca, de consuno con Brasil y Venezuela. La afirmación de los lazos con estos países supuso el comienzo de una marcha claramente orientada hacia la unificación sudamericana, por mucho camino que haya que recorrer todavía y cualesquiera sean los frenazos que en él se produzcan.


Los datos de la política social arrancaron con la derogación de la canallesca y fraudulenta ley de regulación laboral, y continuaron con la recuperación del salario, con una acción efectiva en la actualización de los haberes jubilatorios y con un manto de protección tendido sobre los sectores más desamparados, paliativos de una situación hasta ese momento insostenible y que sirvieron –y sirven todavía- para ganar tiempo hasta que se genere una plena recuperación productiva. A todo lo cual se sumó una política de derechos humanos y de reparación de los agravios cometidos durante la dictadura a través de la judicialización de unos crímenes a los que las leyes de punto final y obediencia debida habían dejado en el limbo de una impunidad no recomendable. 
La significación de estos cambios fue grande, y ellos fueron proolongados luego durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner a través de iniciativas como la estatización de las AFJP, la promoción de la investigación tecnológica y de sus aplicaciones prácticas; la reactivación del Plan Nuclear, el frustrado proyecto de ley de las retenciones agrarias, la asignación universal por hijo, la renacionalización de Aerolíneas Argentinas, la recuperación de la que fuera la Fábrica Militar de Aviones y la sanción de la estratégica Ley de Medios, hoy trabada por las triquiñuelas jurídicas de los grandes monpolios de prensa, pero presente como una posibilidad latente e inminente. 
Kirchner no fue un político carismático en el sentido pleno del término. No era un tribuno como Perón. Sus discursos tenían un registro monocorde poco propicio para arrebatar a las multitudes. Pero era un político de ley, incansable, astuto, imposible de doblegar y provisto además de cualidades de estadista nada desdeñables. Su política latinoamericana así lo atestigua. Era pues una pieza fundamental en el proyecto dirigido a modificar la Argentina que comenzó a perfilarse a partir del 2003. Con cuánta profundidad quería hacerlo es cosa imposible de determinar hoy, aunque la presencia de su viuda al frente del gobierno y como inexorable opción electoral para el 2011 nos va a dar sobradas oportunidades para descubrirlo. 
En este sentido la ausencia de Néstor Kirchner va a hacerse sentir. No porque la Presidenta carezca de las cualidades que son necesarias para pilotear un barco en la tormenta –le sobran agallas y recursos intelectuales y políticos para hacerlo- sino porque se va a encontrar sin su compañero de toda la vida, sin el ladero más fiable y ducho en la necesaria tarea de controlar y disciplinar las huidizas lealtades del aparato que debe acompañarla. Los partidos políticos son como bolsas de gatos, y el peronismo a veces parece una jaula de fieras. Los disensos que se produjeron en su interior en estos años son sin embargo el reflejo de una disputa que va más allá de las habituales rencillas políticas; responden más bien a la expresión de intereses económicos que se integran a la disputa sistémica que el kirchnerismo ha entablado, mal que bien, con el establishment dominante en la Argentina. Esta es la batalla, a la que hay que continuar y profundizar como única opción para escapar de la trampa que algunos escribas de La Nación no vacilan en tender. Rosendo Fraga y Carlos Pagni, por ejemplo, ya diseñan en sus artículos la oportunidad que supone este momento para que la Presidenta opte por una línea de concertación hacia la oposición, resignando la intransigencia y la “crispación” que ellos ahora prefieren endilgar a su marido, y oriente de esta manera a la sociedad hacia la “pacificación”. El sentido que ellos otorgan a esa palabra no es otro que el de una “rendición”. Apaciguar, para el sistema, no es otra cosa que no innovar en lo referido a la modificación de la manifiesta injusticia que existe en todo lo referido a la distribución de la riqueza. Y asimismo implica a abolir la amenaza de la pluralidad informativa que se vincula a la Ley de Medios, a la que se prefiere el discurso único de la democracia formal. Expediente ideal, este, para congelar cualquier iniciativa que apunte a corregir la desigualdad vigente en la nación. 
Especulan asimismo, estos analistas y las fuentes que los inspiran, con una presunta dependencia psicológica de la Presidenta respecto de la figura de su marido. Hay mucho de machismo subliminal en este tipo de evaluación. También de un espíritu carroñero que se apresta a arrojarse sobre un animal político al que se presume vulnerado. La Nación, como el exponente más sutil e inteligente del sistema de poder que ha abusado de la Argentina a lo largo de su historia, se apresura asimismo, a través de estos columnistas, a puntualizar el principal riesgo que puede torcer esta opción benevolente: que el Ejecutivo pretenda hacerse fuerte apoyándose en el único instrumento corporativo provisto de fuerza suficiente como para vertebrarlo: la CGT de Hugo Moyano
El olfato de los articulistas de La Nación es, como siempre, fino; y ayuda a definir, por reversa, la estrategia que le cabe asumir al gobierno para encarar los próximos meses. Sólo la presencia popular en las calles y un ejercicio más firme que nunca de la autoridad presidencial pueden romper la red de falsa conciliación que se le tiende o se le va a tender como alfombra de oro para la retirada. Apoyar a la Presidente en este momento de duelo para que lo supere y sepa convertirlo en un activismo más firme aun que la lleve hacia delante, será la mejor manera para que evite pisarla.