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viernes, 25 de febrero de 2011

La conducción vertical, después de Peron, por Aurelio Argañaraz

El diario cordobés "Comercio y Justicia" publica, hoy, la nota de nuestro cro., que intenta demostrar la imperiosa necesidad de reestructurar democráticamente al movimiento popular, para asegurar la continuidad y profundización del proceso abierto en el 2003 por Néstor Kirchner.

La conducción vertical, después de Perón
En la militancia del peronismo, aun en el marco de su fragmentación actual, se reivindica la norma de una “conducción verticalista”, considerándola inevitable si se coincide en la necesidad de que las fuerzas populares deben conformar un “movimiento nacional”. Este tipo de formación, sostenían los doctrinarios, exigía forzosamente un jefe arbitral. Un reclamo democratizador sólo podía surgir del intento de trasladar a una fuerza socialmente plural las formas propias del “partido político”, que se descalificaban como “demoliberales” y “formalistas”, en contraposición a otras, estructuradas para servir a una “revolución nacional”.
Es necesario replantear la cuestión si, como creemos, constituye hoy una rémora del pasado, uno de los obstáculos que debe enfrentar –y sufre en los hechos, con demasiada frecuencia- la nueva y la “vieja” militancia popular, embarcada en la tarea de sostener y profundizar el curso político que abrieron las movilizaciones del 2001 y encarnaron luego los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Ese proceso, valioso en si mismo y en tanto pilar del ciclo latinoamericano que busca liberarnos de una secular opresión, debe generar, para sustentarse y madurar, un movimiento nacional apto para retomar y llevar a término, en las condiciones del siglo XXI, las grandes tareas que se propusieron sus antecesores del siglo XX.
En primer término, es preciso decir que la “conducción vertical” era una cosa con Perón vivo y otra, mucho más discutible respecto a sus virtudes, cuando los jefes del peronismo surgen a partir de las pugnas de su aparato. Perón, síntesis histórica, era el programa nacional-popular. No cabe decirlo   del peronismo, a secas. Sería negar la experiencia misma: ignorar su responsabilidad, central, en la década del 90. Y la honrosa excepción de aquéllos que desoyeron la conducción vertical… de Carlos Menem y sus numerosos secundones del aparato político y sindical justicialista. En consecuencia, si la conducción puede traicionar los fines (o en otros casos, simplemente errar) y, como es obvio, el deber en tal circunstancia es desobedecer, resulta que el principio (la verticalidad) debe tomarse como un medio, útil sólo en ciertas condiciones, ya que en otras la honestidad política exige desoír las órdenes y mantenerse en la lucha “con la cabeza de los dirigentes”.
Esta visión, concreta y flexible, opuesta al verticalismo como doctrina, por un lado, y a la crítica que formula el democratismo formal de radicales y afines, por otro, nos permite juzgar favorablemente, por ejemplo, la concentración de poder en Cristina Kirchner, en oposición a una “democratización” que cedería poder a los caudillos locales de las provincias y los aparatos. Éstos, en conjunto, son menos confiables para el pueblo argentino o, dicho de otro modo, la actual presidente es más firme en la voluntad de enfrentar a las fuerzas conservadoras y menos permeable a la influencia enemiga que la mayoría de los dirigentes del Partido Justicialista, donde las excepciones a esa regla en nada        alteran el cuadro general.

Para rehacer la política, protagonismo popular
No obstante, es preciso plantear dos afirmaciones, que sintetizan las exigencias del actual periodo; a saber: 1) no podremos dar sustentabilidad al curso abierto por Néstor Kirchner en el 2003 sin una recomposición del movimiento nacional y esto implica su actualización política y doctrinaria; 2) semejante tarea no puede cumplirse sin democratizar la política y, particularmente, el debate sobre el país que deseamos, el contexto internacional y latinoamericano, la composición social del frente nacional, el rol de las estructuras y aparatos de poder, la fragmentación política, los contenidos y los métodos que fortalecen nuestro campo y aíslan al enemigo, en fin, una suma de cuestiones cuya resolución es impensable sin estimular enérgicamente el protagonismo popular.  
Se habla a menudo de “superar el peronismo”, con liviandad. Es preferible, me parece, establecer concretamente qué precisamos; qué deberíamos ratificar (una vez recuperado, ya que en ciertas cuestiones estamos por debajo del programa del 45), de aquel contenido que hizo del peronismo un movimiento nacional, el más progresivo de nuestro siglo XX; y qué límites y contradicciones de su formulación tradicional debemos “superar”, para llegar hasta un punto en que sean irreversibles la soberanía política, independencia económica y justicia social. Esto impone la amplitud de criterios que requiere abordar un cambio de época. Quienes provienen del peronismo, deben abrirse a la reflexión sobre la historia reciente, que es ineludible y se verificará contra ellos, si no hubiese otro remedio. Es insostenible, en particular, por estéril y sectaria, una visión “esencialista” que ignora el decurso del movimiento real y aparta del “peronismo” lo que no le agrada; y su complemento simétrico, un “nominalismo” para el que pesan las formas y los rituales, la identidad formal. Con “las esencias” se niega la identidad peronista del neoliberalismo del 90, para introducirla por la ventana a la hora de distinguir entre propios y extraños (en este último caso, De la Sota es preferible a Juez, aunque al mismo tiempo se diga, en el momento de “filosofar”, que el ex gobernador “no es peronista”). Por su parte, quienes se apuran en “superar” al peronismo en un trámite expeditivo debieran entender que la actualización doctrinaria y puesta al día de las fuerzas populares no puede darse sin aventar los restos de un gorilismo pequeñoburgués que, a menudo, se viste con un ropaje “progresista”, o “socialista” y “revolucionario”, para aborrecer más a Hugo Moyano y los jefes sindicales que a los explotadores y chupasangres de la “libre empresa”.
En ambos extremos, resulta notoria la dificultad para proveer de un marco histórico los problemas de la construcción de un sujeto político apto para concluir con las trágicas alternancias de un país que vivió en 1955 y 1976 la brutal clausura de sus experiencias democráticas y la restauración del poder oligárquico; hechos en los cuales tuvieron un papel activo y fatal los límites y contradicciones del movimiento popular. Aunque en cada caso estos se manifestaran de distinto modo, siempre parieron ciclos de predación imperialista, con enorme costo económico-social. Si algo quiere aportar al país la reiterada intención de “superar” el peronismo, debe señalar cómo hemos de construir un movimiento cuya amplitud, profundidad y coherencia permitan concluir con estas alternancias y llevar a la Argentina a otra época histórica.

El lugar de la militancia en el nacimiento del peronismo
Si el General Perón, el creador del concepto, les hubiese planteado a los líderes sindicales en 1944 que de allí en más habría de imponerles una “conducción vertical”, el peronismo no hubiese llegado a ser. De esta obviedad hay que extraer hoy conclusiones políticas, a las que buscaremos llegar con un tratamiento histórico. Son imprescindibles, si pretendemos rehacernos.
Aquellos gremialistas, que provenían del anarquismo o del “socialismo” juanbejustista, por doctrina y por experiencia poco predispuestos a confraternizar con militares, acudieron con desconfianza al sorpresivo convite del Secretario de Trabajo del golpe del 43. Sin una previa seducción política, en el marco de acciones que otorgaban derechos y otro lugar social a la masa obrera, no hubiesen trabajado, tal como lo hicieron, para dar envergadura a uno de los pilares del movimiento nacional que el coronel nacionalista quería construir y para cuya concreción alentó el protagonismo popular, sin renunciar a las posibilidades de sumar también a fuerzas ya estructuradas.
El Partido Laborista fue dirigido por los jefes  sindicales, que lo habían creado tras el 17 de Octubre, hasta que Perón consolidó el gobierno surgido en las elecciones del 46. Recién entonces el General  resuelve disolver al laborismo y las restantes agrupaciones que lo habían acompañado en la lucha por el poder. La “conducción vertical” emerge como el resultado de una dura lucha, que concluye  con la prisión de Cipriano Reyes, la destitución de Gay en la CGT y la disolución final de aquella suerte de “partido obrero”. Para bien y para mal, la jefatura arbitral se incorpora a la doctrina y las muletillas del peronismo. Perón, inicialmente, para fundar su movimiento, estimuló el protagonismo de todos sus adeptos y apenas se imponía como un primus inter pares por medio de la seducción.
Es natural: era un militar rodeado de camaradas tachados de autoritarios; a nadie escapaba, entre los líderes obreros, que podía tratarse de un aventurero vulgar; podía caer, víctima de las intrigas y los intereses en juego. Perón, conciente de sus debilidades, quería ganar a las fuerzas obreras y de ningún modo forzaba la situación; hacía política; no sólo otorgaba múltiples beneficios; buscaba consolidarse como una expresión renovada de sus identidades previas, síntesis de lo representado por la vieja guardia sindical y el proletariado criollo, el nacionalismo militar y la herencia irigoyenista sobrevivida.
El orden y la regimentación del conjunto del movimiento (que, además de expresar los rasgos particulares de su  formación militar, garantizaban para Perón la imposibilidad de “un desborde” de las bases obreras), con la doctrina “verticalista” y “la infalibilidad del Líder”… vendrían después.
La naturaleza del peronismo, un movimiento nacional con mayoritaria presencia de la clase obrera  y liderazgo nacionalista, se expresará en la contradicción, dentro de su seno, entre una retórica que “combatía el capital” y un proyecto que en verdad buscaba desarrollarlo, aunque fuese mal visto por el propio empresariado y debiera usar al Estado nacional como la fuerza impulsora de las grandes empresas que el país necesitaba, que la débil y malparida burguesía “nacional” jamás emprendería, dado su visión, mezquina, y su total subordinación al universo cultural y simbólico de la oligarquía ganadera. Esta mezcla, tan particular, que transformó en laberíntico el análisis del movimiento fundado por Perón, explica los rasgos bonapartistas de su jefatura, urgido a disolver las  tendencias internas, ahogar el debate y establecer reglas dirigidas a destruir todo poder autónomo, para así preservar la discrecionalidad del jefe. Fuera del poder, en la proscripción y el destierro, esa disciplina implacable cedía el paso a la célebre táctica “del juego pendular”, que intentaba combinar la amenaza “revolucionaria” cara a “la Resistencia” con la propensión a conciliar e “integrarse” (al régimen vigente) de ciertas alas “participacionistas”, incapaces ambas de arrancar a la oligarquía la  única concesión que podía para sacar la situación del impasse: el derecho de Perón a retornar al país y a ser elegido presidente de la nación.
Proseguir estas consideraciones nos llevaría lejos del puntual propósito que perseguimos aquí, que nace de las exigencias de una actualidad política que nos exige reconstruir el movimiento nacional, para sustentar el curso abierto por el kirchnerismo. Vivimos un momento, a nuestro juicio, análogo al que protagonizaron los parteros del peronismo; éste no fue, como coinciden en creer algunos de sus apologistas y sus detractores oligárquicos, la obra de un hombre, sino una creación colectiva de los argentinos, al menos en el sentido de que el 17 de Octubre y su multitudinaria militancia dieron al líderla posibilidad de ser. Y dicho sentido no es menor.
En el momento necesario, hasta que logró consolidar un liderazgo cuya fortaleza sobreviviría a las  pruebas del exilio y el tiempo, Perón fue capaz de ver el papel del protagonismo y la creatividad del pueblo llano y, sin garantías de que podría dominar a Las Furias, resolvió abrir la  Caja de Pandora, sin arredrarse. La alternativa, entonces como hoy, era fracasar en la construcción política y, como corolario, poner en cuestión la sustentabilidad de los cambios. El kirchnerismo, que en esta materia ha sido hasta hoy medroso y dependiente de los acuerdos cupulares, no sobrevivirá, a la larga, si la militancia popular no logra crear una articulación de fuerzas capaz de imponer formas democráticas de resolución de los problemas y seleccionar liderazgos fundados en la representatividad y el apoyo condicional de una organización piramidal. Las fuerzas del stablishment lucen dispersas y confusas, hoy, pero esa situación no durará eternamente. La nueva militancia y los viejos cuadros que animó      la experiencia  iniciada por Néstor Kirchner se frustrarán nuevamente si acatan la “verticalidad”, sin hacerse cargo de hacia dónde vamos y cómo lo hacemos. Es tiempo de archivar la afirmación desatinada de que “la conducción decide y el resto obedece” y asumir las responsabilidades de los mayores de edad.

Córdoba, 25 de febrero de 2011

jueves, 7 de octubre de 2010

Difundimos: ARGENTINA INVITADA DE HONOR A FRANKFURT


Por primera vez una persona ajena a la organizacíón golpeó el martillo blanco inaugural para dar apertura al mega encuentro que reúne a escritores, traductores, editores, libreros y otros protagonistas del medio editorial.
 
Subió lentamente al estrado. Con ese paso que caracteriza a aquellos que durante mucho tiempo estuvieron cansados de vivir. Se abrazó a la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, y entre lágrimas expresó: “Vivimos un nuevo renacer. Tengo que agradecer a esta mujer y a este hombre que surgieron del dolor, porque yo, que creí estar muerta durante años, vuelvo a tener esperanzas.” En la platea de la sala Harmonie del Congress Centre Messe Frankfurt, se produjo un silencio profundo, espeso, hondo, hasta que la gente se puso de pie y estalló en un aplauso fervoroso. Fue el momento de mayor emotividad de la apertura oficial de la Feria del Libro más importante del mundo. Y allí estaba ella, Elsa de Oesterheld, abrazada a la presidenta, llorando emocionada. Ella, que durante muchos años fue olvidada, estaba en el evento cultural más importante del año después de los festejos del Bicentenario de Mayo. La Argentina es la invitada de honor de la feria y ella, la viuda del autor de El Eternauta, Héctor Oesterheld -quien desapareció junto con sus cuatro hijas durante la última dictadura militar–, acompañada por su nieto Fernando y el ilustrador Francisco Solano López, recibió, en vivo, para todo el mundo, el reconocimiento de escritores, editores y periodistas. La presidenta la miró y afirmó: “En ella homenajeamos a todos los escritores comprometidos de nuestro país.” Y fue un bello acto de justicia y reparación histórica. De esa manera quedó abierta la Feria del Libro que mueve alrededor de 9 mil millones de euros por año y que reúne a miles de editores y autores para hacer negocios millonarios y, además, producir el intercambio cultural más importante del planeta. Quien inició la ceremonia fue el presidente de la Asociación Alemana de Editores y Libreros, Gottfried Honnefelder, que habló del futuro del libro como soporte y, si bien remarcó su importancia y el respeto a la propiedad intelectual, se mostró optimista respecto de la supervivencia del “objeto libro” contradiciendo las teorías apocalípticas de Umberto Eco, entre otros pensadores. En ese mismo sentido, se pronunció, Juergen Boos, director de la Feria.
Petra Roth, la Alcadesa Mayor de la ciudad, se mostró sorprendida porque en la Argentina “el mercado editorial se mostrara mejor que la carne”. Luego llegó el turno de 
Volker Bouffier, ministro presidente del Estado Federado de Hesse, la escritora argentina Griselda Gambaro y Guido Wertewelle, ministro de Asuntos Exteriores de la República Federal de Alemania, quien fue en reemplazo de la canciller Angela Merkel. Este último felicitó a la Argentina por los números macroeconómicos que presenta a pesar de la crisis financiera internacional y celebró “la fiesta de la libertad” que significa la feria. Gambaro, en su discurso, habló del “sano distanciamiento en la preservación del espíritu crítico, de la disidencia como estado de alerta, si bien es preciso no confundirla con la estéril rutina del antagonismo sistemático”. Tras reconocer que “es lícito creer que (los escritores) seremos vencidos” por el poder del mundo, concluyó: “porque la literatura imagina, porque los hombres y mujeres son capaces de imaginar, también los políticos podrían imaginar audazmente. Atreverse, como aquellos grandes escritores que inventaron la realidad del poema o la novela, a imaginar otra realidad posible que no sea ésta, la de los incesantes conflictos. Si bien algunos gobernantes, sobre todo en América Latina, trabajan con propuestas más equitativas, no basta imaginar con límites sin forzar las circunstancias.”
Por último, la presidenta tomó la palabra expresó: “Como lectora incansable jamás había soñado con estar presidiendo la Feria de Frankfurt y como jefa de Estado, con una importante industria del libro, la segunda después de España en el mundo hispano, tampoco, por lo tanto las utopías pueden realizarse.” Una interesante operación cultural por parte de la presidenta fue tomar el lema “pan y trabajo” del cuadro de la Cárcova como un clivaje de análisis para la historia argentina. Recordó que ese era el título del cuadro que demostraba la injusticia social del Primer Centenario, los reclamos de la agrupación FORJA y de la obra Manifestación, de Antonio Berni. “Mostramos una Argentina vibrante, en movimiento, que nunca se resignó ni aún en los peores momentos (…) Por eso me resisto a la idea de la derrota permanente –dijo dirigiéndose a Gambaro. No me resigno a poder mejorar la condición humana.Otro pasaje clave del discurso de la presidenta fue la definición de que “la literatura argentina nunca fue neutral ni aséptica, aún cuando no esté de acuerdo con muchos de esos escritores, ellos pintaron la historia que vieron con sus ojos. Yo nunca fui neutral, la neutralidad la dejo para lo suizos –el auditorio estalló en risas–. Nosotros siempre hemos sido comprometidos”. Y concluyó con la frase: “El mundo siempre se mira desde algún lado.” Por último, la presidenta Cristina levantó un martillo blanco y Honnefelder se le acercó y le explicó que siempre inaugura con un golpe sobre el atril el presidente de los editores y libreros, pero que quería pedirle que fuera ella la que lo hiciera esta vez. Así, Fernández de Kirchner se llevó puesta una tradición ancestral y se convirtió en la primera persona ajena a los organizadores –además, presidenta y mujer– en abrir la feria del libro más importante del mundo. 

martes, 1 de junio de 2010

EL BICENTENARIO por Norberto Galasso

El Bicentenario de la Revolución de Mayo encuentra al campo popular, como en aquel entonces, remontando su esperanza hacia un mundo de verdadera justicia y auténtica libertad. Si algo puede parangonar a ambas épocas es la lucha contra el gran poder económico y sus servidores que Mariano Moreno sintetizaba en aquello de que “las fortunas agigantadas en pocos individuos no sólo son perniciosas sino que sirven a la ruina de la sociedad civil...”. Como siempre, la Sociedad Rural y los grandes consorcios nativos y extranjeros, con al apoyo de los poderes mediáticos, intentan interrumpir la marcha de un Gobierno que avanza, especialmente en los últimos meses, hacia la consolidación de una vocación nacional y popular. Y otra vez, al igual que aquellos “chisperos” del año 10, con nuevos Frenchs y Berutis a la cabeza, los trabajadores nucleados en la CGT, el sector de la CTA de Hugo Yasky y los movimientos sociales se constituyen, junto a los sectores populares de la clase media, en columna fundamental de un futuro mejor comenzando a inundar calles y plazas, en una Patria Grande que recorre el camino hacia su reconstrucció n y donde algunos de sus líderes enarbolan, junto a la bandera bolivariana, la del Socialismo del siglo XXI.
La confluencia y articulación de todos los sectores del campo popular resulta fundamental en esta lucha y de allí la necesidad de quebrar la dominación que la nueva oligarquía ejerce todavía sobre gran parte de la clase media. Alcanzar este objetivo encuentra obstáculos, pues si bien esos sectores han mejorado su situación económica respecto a años anteriores al 2003, sobre ellos opera la superestructura ideológica montada por la vieja oligarquía desde hace décadas para someterla a sus designios. La historia mitrista, aggiornnada pero no cuestionada por “los modernos” de la Historia Social y extendida a su vez a los nombres de calles, plazas y monumentos, la economía liberal difundida largamente por los medios de comunicación tradicionales, la acción deletérea de algunos filósofos de moda, estilo Aguinis o Kovadloff, en las complacientes entrevistas de Mariano Grondona en lo político, o de Cristina Mucci en lo literario, apuntalan todavía a los viejos mitos en los cuales los clasemedieros encuentran base para su status. En ello se nutren para tomar distancia de “las clases subalternas”, como las catalogan los universitarios y aún cuando a menudo no tienen ingresos muy superiores, aspiran a una identidad con la clase alta basándose en que son de tez blanca, de cultura enciclopédica (que ignora lo elemental de su país y de su historia) y presumiblemente éticos según una valoración hipócrita que deja manga ancha para evadir impuestos o robarse ceniceros y cucharitas en sus excursiones turísticas.
Sin embargo, en esa tarea de lograr el apoyo de los sectores medios, el Gobierno de Cristina Fernández está haciendo lo suyo, de manera consecuente, a partir del segundo semestre del 2009. En las ultimas semanas ese rumbo se ha manifestado a través de varias medidas: la transferencia a planta permanente de la administración pública del personal contratado que hace mucho tiempo reclamaba por esa estabilidad, la refinanciación de la deudas de las provincias con el Estado Nacional, la concreción de acuerdos económicos con Vietnam y la ratificación de la política por la unión latinoamericana expresada tanto en su participación protagónica en los actos del Bicentenario en Venezuela, como asimismo en la designación de Néstor Kirchner como secretario general del UNASUR, reconocimiento importantísimo por parte de los presidentes de esa organización, que desmorona la montaña de injurias y descalificaciones lanzada por la oposición, y especialmente por Elisa Carrió, contra el ex presidente.
Por otra parte, la dirigencia opositora se encarga de ayudar a desmitificar y muestra su horrenda realidad periódicamente, aunque vanamente intentan disimularla los reportajes sin repreguntas de los Morales Solá, los van der Kooy y los Tenembaun, entre otros. Se destaca, en este sentido, Mauricio Macri quien ha alcanzado la máxima expresión en esto de poner al desnudo las posiciones reaccionarias, anticipando -para el caso de una supuesta presidencia- desalojos, escuchas telefónicas, censura de libros, represión, lo cual ha conducido a su procesamiento. Frente a esta calamidad de someter a juicio al jefe de Gobierno de la Ciudad, Clarín ha sostenido con entusiasmo: “Los jefes de la oposición también creen que (el procesamiento de Macri por el juez Norberto Oyarbide) es una maniobra K” (16/5/2010) y ha publicado las fotos de Eduardo Duhalde, Carrió, Francisco de Narváez y otros políticos que se solidarizan con el inculpado, así como también la “preocupación” de la diputada Silvana Giudici y el diputado Federico Pinedo. La irresponsabilidad- y también la ideología- del jefe de Gobierno, que provoca simpatías en el resto de la oposición de derecha, se puso de manifiesto en estos días cuando después de denunciar que “todo es un ataque ridículo de Kirchner”, “cruzó chistes son sus funcionarios y cuando al final de su discurso le pidieron que cantara, bromeó que sólo lo hace para millones y no para un grupo de chusmas”, según relata el órgano de Héctor Magneto.
Por su parte, el presidente de la Unión Cívica Radical, Ernesto Sanz, le ha enmendado la plana a aquel desprecio del diputado Sanmartino, en los años ’40, respecto al “aluvión zoológico”, al señalar que resulta un gasto inútil la Asignación Universal por Hijo pues los trabajadores son tan bárbaros que utilizan ese subsidio para consumir más droga o para dedicarse a los juegos de azar (Tiempo Argentino, 16/5/2010). De esta manera el radicalismo anticipa la abolición de dicha conquista -en el supuesto de llegar al poder- pues esta opinión coincide plenamente con la propuesta de achicar el gasto público y enfriar la economía que sustentan otros dirigentes. Sanz no se ha enterado que el inmediato efecto de esta política inclusiva fue el aumento de la matrícula escolar en un 25 por ciento o simplemente no le interesa, pero nos alerta que combatirá la droga y el juego aboliendo la AUH. Le agradecemos mucho la sinceridad pues ahora algún clasemediero ya sabrá a que atenerse.
Asimismo, Carlos Reutemann -otro presidenciable, aunque promete no presentarse- es denunciado por haber eliminado archivos, en enero de 1992, para “encubrir” documentación probatoria de la represión bajo la dictadura genocida. (Miradas al Sur, 16/5/2010). Y ese sentido, también al monstruo mediático se le están cayendo los afeites de la “prensa libre”, cuando aparece en las pantallas televisivas el siempre misterioso negocio de la fundación de Papel Prensa, y ante la acusación de la Comisión de Valores de Estados Unidos al grupo financiero Goldman Sachs por fraude y ocultamiento de información en el escándalo de las hipotecas basura. Clarín ha dado la noticia en la columna Claves del 17 de abril último reconociendo que ese banco -con más de 20.000 empleados, que viene operando desde 1869- habría defraudado “a sus clientes al venderles productos, que derivan de hipotecas, sin informarles del riego que corrían y cuando la crisis ya se conocía” (Clarín, 17/4/2010). Pero lo que el pasquín de la Noble se guarda de mencionar es que Goldman Sachs es su socio y tiene el 18 por ciento de las acciones de su capital, lo cual concurre a explicar su beligerancia con los gobiernos de los Kirchner, corresponsables del hundimiento del ALCA en Mar del Plata y luego, de otro ataque al capitalismo financiero con la estatización de los recursos de las AFJP.
Otra información que los medios de comunicación no han podido disimular es la nueva debacle del neoliberalismo, ahora en Grecia, extendiéndose hasta España, Portugal e Italia, que ha provocado la caída del euro, a consecuencia de la política neoliberal, mientras en la Argentina se manifiesta un proceso inverso de recuperación que ha permitido que los efectos de la crisis económica mundial del 2009 fueran controlados mediante medidas anticíclicas sin provocar mayores desgracias sociales.
Este conjunto de hechos debe estar operando sobre los sectores medios debilitando su antikirchnerismo, giro que se empieza a advertir en el mayor número de participantes en las concentraciones populares (o en sucesos insólitos, como la concentración provocada por el programa televisivo 6-7-8), así como en la disminución de la venta de Clarín que puede comprobarse en un simple muestreo de las paradas de diarios.
Recibimos, pues, el Bicentenario con entusiasmo. Nos reencontramos con nuestras raíces populares; nos reconocemos en la manifestación de los pueblos originarios que integra este festejo; bregamos para que la justicia destrabe la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual de modo que sean muchas las voces que acompañen este proceso de cambio; y levantamos de nuevo la esperanza con la convicción de que sólo el pueblo -aquel de 1810 y éste del 2010- es el gran protagonista de los avances necesarios para remontar la esperanza hacia una mundo mejor.

lunes, 31 de mayo de 2010

Difusión: UN DISCURSO QUE INCOMODA AL PODER PUNTANO

Notas de San Luis Despierta
El discurso que fue leído ante las autoridades del gobierno en los actos conmemorativos por el bicentenario
y que el diario de la República, propiedad de los Saá no hizo referencia.

"Señoras y señores, autoridades, docentes, alumnos y compañeros egresados de la promoción 2010: Hoy celebramos esta 93º edición de la Procesión Cívica. La luz de nuestras antorchas iluminan las calles de
San Luis, en representación de los jóvenes que son el futuro de esta  sociedad. Por este motivo, en esta nueva Procesión Cívica, los alumnos de la escuela Normal “Juan Pascual Pringles” los invitamos a
reflexionar en base a nuestro lema “jóvenes del bicentenario: La patria nos reclama, escuchémosla”.
Este lema expresa el importante rol que tenemos nosotros como jóvenes  en esta sociedad, somos el futuro y contamos con todos los recursos para pensar y actuar en base a nuestras convicciones. Debemos tener
como objetivo un proyecto de país que nos contenga a todos, con una educación crítica que sea el pilar fundamental.
Hoy estamos en víspera del aniversario de aquella significativa revolución de mayo, que hace 200 años atrás nos marcó un camino hacia la independencia, independencia que aún debemos construir para lograr un país prospero y digno.
Ese camino revolucionario, comenzado por nuestros antepasados, fue promovido por magnificas ideas libertarias. Esto provocó deseos de soberanía a los habitantes de nuestro país, cansados de la dominación
española.
Una soberanía por la que no debemos dejar de luchar, sin perder las esperanzas que a veces decaen, al ver como son usurpados nuestro futuro y nuestros sueños. Debemos terminar con esos poderes que siguen
provocando la vulnerabilidad de derechos que son escenciales para el desarrollo de esta sociedades mas justas e igualitarias; potencias que sometieron a la fuerza a los habitantes originarios en 1492, y borraron parte de nuestra identidad, violentando culturas y religiones. Esos mismos que hoy hacen que su riqueza gire en torno a la miseria de América Latina.
Evoquemos el ideario de lo que lograros heroicamente los grandes idealistas de 1810, recordemos a Mariano Moreno y su Plan Revolucionario de Operaciones, en el que defendía el proteccionismo económico ante la expropiación de nuestra tierra para intereses de españoles y realistas.
A Domingo French y Antonio Beruti, que no repartían precisamente escarapelas, sino que presionaban con grupos armados para que la Revolución de produjera.
A Manuel Belgrano que sembraba escuelas a la Patria y devolvió guaraníes a sus tierras usurpadas. A Juan José Castelli cuando anunciaba, en el Alto Perú, el fin de la servidumbre indígena declarando “todos somos iguales en esta tierra”. Esta idea, que parecía muy lejana, hoy la observamos en Bolivia. Allí gobierna Evo Morales, el primer mandatario de origen indígena de América Latina. Este es uno de los hechos que nos demuestran que ideas que parecían utópicas, luego de tantos avances y retrocesos, acuerdos y diferencias, pueden convertirse en realidad 200 años después.
Un período que engloba entradas y salidas de crisis latinoamericanas, como los golpes militares, y democracias débiles y efímeras. Crisis económicas, como por ejemplo sigue siendo la soberanía sobre las Islas Malvinas, que comenzó hace bastantes años, y sigue estando ocupada por habitantes ingleses; o como el reciente conflicto de las papeleras en el Río Uruguay.
Debemos remarcar el actuar de nuestro Gobierno Provincial ante la expropiación de tierras en Estancia Grande. Esto es claramente un ejemplo vigente de aquella conocida “Campaña del Desierto”, realizada
por Roca cuando se les quitó todas las tierras a los pueblos originarios. Este es otro conflicto territorial que nos toca vivir en estos días.
Entre estas y otras problemáticas, nosotros, la juventud actual, no debemos permitir que nuestras ilusiones se pierdan. Tenemos que construís un país sin extorsiones, sin medios que resaltes los conflictos mas graves de las diferentes sociedades, ni opriman nuestras posturas con ilusorias realidades, y con mentalidades
inmóviles y cerradas.
Debemos ser mas desafiantes y creativos ante estos sistemas petrificados a los que queremos transformar, y comenzar a creer en nosotros mismos, en la fuerza como unidad a la que podríamos llegar si la pusiéramos en práctica con fuertes convicciones.
Debemos, todavía, seguir luchando contra esas mismas fuerzas que causaron masacre, que sembraron la injusticia y la barbarie en nuestra tierra americana.
Esto es necesario en pos de un país justo, digno y soberano, sin dejar que las tentaciones de esta sociedad dominada por los poderosos nos cieguen ante esta realidad. Sin quedar debajo de la pirámide jerárquica conformándonos con superficialidades, clamando integridad y sobretodos a nuestra dignidad a la que tratan de acallar personas corrompidas por el poder, el dinero y el autoritarismo.
Finalmente, hoy, más que nunca, en este año del Bicentenario del nacimiento de la Patria, debemos preguntarnos, como lo hace el historiados Osvaldo Bayer ¿Qué nos pasó a los argentinos después de
esos principios de Mayo, plenos de generosidad y de la búsqueda de la igualdad por medio de la libertar?
A la respuesta debemos reflexionarla, para por fin conseguir la tan ansiada independencia real, con trabajo, salud, educación y justicia para todos los habitantes del pueblo argentino.

AUTORES:
Bardossy, Ana Paula (6ºB1)
Palasí, Dionila (6ºC1)
Marchioni, Juan (6ºC2)

La carroza de la 93º Procesión Cívica

Fuente: http://lajaboneriadevieytesdigital.blogspot.com/2010/05/un-discurso-que-incomoda-al-poder.html

Difusión: Ricardo Forster: Los distinto bicentenarios

Cada presente resignifica el pasado de acuerdo a sus propias vicisitudes y circunstancias. Si hiciéramos el ejercicio de situarnos en los años ’90 para dar cuenta de los dos siglos transcurridos como nación, seguramente las conclusiones serían muy diferentes de las que nos ofrece la actualidad. Otra mirada y otra perspectiva histórica, aquella que nos ofrecía la última parte del siglo XX, atravesada por los prejuicios y por las determinaciones de esa década en la que nuestro país fue dominado de cabo a rabo por los lenguajes neoliberales y en la que predominó un imaginario cultural signado por la fantasía primermundista, el consumismo a cualquier precio y la mercantilización de todas las formas de vida. El sujeto de los ’90, descendiente directo de los horrores de la dictadura y de la desilusión alfonsinista, marcado a fuego por la hiperinflación y disponible para cualquier aventurero que pudiese alcanzar el poder –como efectivamente lo logró Menem– no hubiera pensado un bicentenario como el que hoy estamos festejando.
Su visión de la realidad, su escala de valores y su imaginario cultural lo colocaban muy lejos de los ideales emancipatorios de aquellas primeras décadas del siglo XIX y mucho más lejos de cualquier perspectiva latinoamericanista. Su ilusión estaba puesta en el mercado global, en el deseo de vivir como en California y en alcanzar el soñado primer mundo, alejándonos definitivamente de la pesadilla sudamericana. Era el país de las “relaciones carnales” y de la convertibilidad, esa extraordinaria y loca ficción que permitió destruir en una década el ahorro de generaciones de argentinos teniendo como principal promesa los viajes a Miami. Pero también fue la década de una democracia lánguida y de instituciones agusanadas promovidas por muchos de los que en los días actuales se llenan la boca con discursos reclamando calidad institucional y república.
Para gran parte de la sociedad argentina de aquellos años farandulescos, el espejo ideal en el que debíamos mirarnos para recobrar el antiguo esplendor extraviado mientras nos gobernó para nuestra desgracia –así lo repetían sin cesar, el populismo– era uno que nos devolvía las imágenes convergentes del primer centenario, ese de las vacas y las mieces, de los apellidos tradicionales y de la apoteosis liberal expresada por los hombres de la generación del ’80, y los nuevos vientos de la economía global, de la libertad de mercado y del mundo unipolar (¿recordamos, acaso, esos días en los que la voz y la figura del inefable Alvaro Alsogaray era consultado como el oráculo de la economía y presentado como un prohombre de la nación?). Imágenes resplandecientes de una sociedad que se soñaba primermundista del mismo modo que aquella otra de 1910 se imaginó parte inescindible de Europa.
Ese centenario significó reescribir la historia para narrarla de otro modo, borrando, principalmente, las marcas y los recuerdos de aquellas ideas y de aquellos hombres y mujeres que se lanzaron a la gesta independentista teniendo en sus corazones el proyecto de una patria común, de un territorio sudamericano enhebrado por los sueños de Bolívar y San Martín, de Miranda y Artigas. Todo lo que recordase a pueblo fue prolijamente borrado de las nuevas escrituras oficiales.
En cambio, nuestra década menemista se asoció, de modo prostibulario, a lo peor de esa otra Argentina oligárquica que, al menos, había desplegado un proyecto de nación que dejó, entre otras cosas valorables, la ley 1.420 de educación pública, laica y gratuita. Menem y sus acólitos hubieran imaginado un centenario ya no con la infanta Isabel como principal invitada sino con George Bush padre como el homenajeado de turno. Las calles de Buenos Aires nos muestran, en estos días festivos y populares, una imagen muy distinta de la que todavía proyecta el fantasma de los ’90.
Mientras el discurso oficial repetía las promesas de paraísos artificiales sólo alcanzables al precio de desguazar el Estado y de abrir nuestra economía; mientras los dólares baratos se devoraban los últimos restos de industria nacional y lanzaban a la calle a millones de trabajadores; mientras los presupuestos para educación y salud caían en picada y el neoliberalismo barría las defensas del viejo “bienestarismo” heredado del primer peronismo y en situación de crisis terminal; mientras la banalidad y el cholulismo dominaban la escena cultural; mientras la corrupción y la parálisis de las instituciones de la República expresaban de un modo inusual el grado de decadencia que finalmente estallaría al final de esa década, lo que la sociedad podía vislumbrar de la gesta independentista era algo demasiado borroso y lejano, como si nada hubiera tenido que ver aquel mayo de 1810 con los mayos de los ’90. La idea de patria había sido suplantada por el shopping center. Ni siquiera quedaba el recuerdo de otro país, más generoso con el débil, más equitativo.
El país construido por la maquinaria comunicacional de los ’90, esa que bajo otras formas sigue expresándose a través de la corporación mediática, encontraba sus voces representativas en Bernardo Neustadt y Mariano Grondona, su ideal giraba alrededor del eslogan más famoso de la época: “Achicar el Estado es agrandar la Nación”. Personajes de la rapiña ideológica, exponentes acabados de la ideología neoliberal que vieron en el menemismo al mejor de los realizadores de ese proyecto de devastación que no sólo amenazó con devorarse el presente y el futuro, sino que buscó hacerlo con el pasado.
Porque la manera como construimos el presente determina en grado sumo nuestra lectura y nuestra recepción del pasado. La actualidad argentina es acompañada por otra circunstancia continental y, tal vez, mundial. En Sudamérica se ha abierto, desde principios de este siglo, una etapa inesperada y anómala que ha iniciado el desmantelamiento del modelo neoliberal de acumulación capitalista. Un aire fresco y revitalizador circula por nuestras naciones. Desde Bolivia a Ecuador, desde Brasil a Uruguay, desde la Argentina a Paraguay y Venezuela, el Bicentenario busca reencontrarse con los ideales emancipatorios que significan no sólo independencia sino también mayor equidad y justicia para los más débiles. La hora actual es la de la igualdad y la soberanía. Nuestro Mayo no puede ser equivalente a aquel otro de hace doscientos años.
Hoy, en una Argentina que busca su destino y que brega por salir de la desigualdad de las últimas décadas, la actualización del Mayo libertario adquiere un sentido nuevo y revitalizador. Tal vez por eso se percibe en estos días festivos que un hilo secreto nos sigue uniendo con aquellos otros días de la independencia y la emancipación. Nosotros, los argentinos de este principio de siglo XXI, deberemos estar a la altura de los desafíos y de las demandas que no han sido saldados a lo largo de nuestra historia. Nuestro Mayo, vale repetirlo, debería ser el de la reparación y el de la igualdad social, esa que mejora la calidad institucional y que profundiza la trama más íntima de la democracia. Siguiendo ese rumbo quizás alcancemos nuestro destino sudamericano.

Difusión: Jorge Giles. Lo que queda del glorioso 25.

Las primeras consecuencias del histórico Bicentenario comenzaron a emerger.
Mientras los escribas de los monopolios mediáticos no se bajan de su odio reaccionario, la política acusó recibo del mandato popular.
El monopolio no está en condiciones de modificar conductas porque no tiene un pueblo que lo interpele.
El político sí lo tiene, piense como piense. Esa es la diferencia.
Que los diputados nacionales de todos los bloques hayan acordado realizar ayer el acto de homenaje a Mariano Moreno, en Plaza Congreso y luego una sesión especial por el Bicentenario patrio, quizá sea el primer fruto emblemático de la victoria del protagonismo popular sobre los monopolios mediáticos.
Si la política se libera definitivamente de esas cadenas que la aprisionaron durante décadas, otro país será posible construir más temprano que tarde.
Hay que disfrutar de este momento alzando la vista y mirando el horizonte para advertir que el futuro ya está entre nosotros.
Para tener una dimensión de la victoria popular, habrá que recordar los titulares conservadores de apenas una semana atrás y repasar sus augurios de “fracaso de los festejos patrios”.
Tienen la falla del pavo real: lucen bellas plumas, pero no saben volar.
Los diarios de la oposición, encabezados por Clarín, lanzaron cada ejemplar con el estruendo de un bombardeo aéreo sobre la ciudad. Los misiles eran el texto repetido hasta el hartazgo de la promocionada campaña de la “crispación”, “inseguridad”, “inflación”.
Querían causar un daño irreversible sobre la memoria y la conciencia colectiva, desalentando la convocatoria del gobierno nacional.
Dicen que ya tenían escritas las tapas catastróficas del día después.
Fracasaron estrepitosamente.
Seis millones de personas, felices y emocionadas, agitaron sus banderas argentinas y latinoamericanas durante cinco días, la misma cantidad que los goles que la Selección del Diego convirtió en su despedida antes del Mundial.
Un gol por cada día de la Revolución de Mayo.
Otra bella metáfora que construye la historia cuando se llena de pueblo.
La derecha y sus monopolios demostraron que sólo “brillan” cuando someten al pueblo, cuando lo arrinconan, lo despellejan, lo aíslan, lo desarticulan, lo vacían de contenido para convertirlo en “la gente” y así poder hablar en su nombre.
Se creyeron que serían eternamente “dos voces” interpretando “lo que dice la gente”.
Se terminó. Esa obscena impunidad, no va más en esta nueva Argentina.
Fueron millones las voces que vibraron con una mirada justa de la historia. Y esas voces multitudinarias son las que pusieron las cosas en su lugar.
Los parcializados del otro lado del muro, están en todo su derecho a seguir allí, pero mostrando los documentos de identidad para saber qué y quiénes son y a quiénes representan.
La derecha se equivocó de cancha cuando aventuró el fracaso de los festejos.
No sólo porque apostó a la “crispación” y ganó la alegría, sino porque creyó que el punto de disputa eran los escenarios acotados de la dirigencia partidaria. Y se les escapó la tortuga escandalosamente, porque lo que se dirimió en verdad fue una mirada cultural sobre la patria que quieren construir los argentinos.
La masividad en los festejos fue tan contundente que terminó por arbitrar a favor de una interpretación de la historia, nada neutral.
Cuando se aplaudió entre lágrimas la representación de nuestro latinoamericanismo, de las Madres, del Peronismo, de los Héroes de la Vuelta de Obligado y de Malvinas, del monstruoso aparato neoliberal que se tragaba personas, de los movimientos sociales, se estaba laudando a favor de una Historia nacional y popular que rescata del olvido a los verdaderos héroes que construyeron esta nación. Empezando por los pueblos originarios.
Esas seis millones de personas no fueron a dirimir una lucha sectorial o partidaria, como pretendía la emboscada mediática.
Fueron a restaurar y reconstruir el tejido de una Patria que pertenece al pueblo por derecho propio.
Eso se llama batalla cultural. Y sólo la dan los pueblos.

viernes, 28 de mayo de 2010

viernes, 21 de mayo de 2010

25 de mayo

¿Festejos del bicentenario? ¿Bicentenario de qué? ¿Bicentenario de quiénes? Hoy es un día de llamado a la memoria, de reflexión, de preguntas para problematizar un pasado que nos interpela.
La Revolución fue traicionada… Cuando José Pablo Feinmann piensa que “Todas las fuerzas retrógradas que hicieron del primer centenario un festín triunfal de las clases dirigentes, de las triunfadoras oligarquías, están en total vigencia” una segura respuesta del genocida General Roca sería la siguiente: “Así son las cosas. Son las leyes del progreso de la Historia. Por eso, a nosotros, la patria nos hará héroes y nos levantará estatuas. Ellos, los derrotados, siempre serán mártires y tendrán, con suerte, tumbas donde se los llore”.
Roca, hombre de su época, encarnó el ideal positivista del orden y el progreso, en aquella Argentina de la manteca al techo, la del modelo Agroexportador. Así que los mártires tendrán tumbas dónde lo lloren!? Te equivocaste Roca: la masa obrera y las fuerzas y sectores populares tenemos memoria, y te podemos decir que la historia se construye desde abajo. Nuestros y nuestras héroes son miles y miles, que viven en nuestra sangre de lucha. Desde los pueblos milenarios y ancestrazos, pasando por los auténticos caudillos federales, por Castelli, Moreno y Belgrano, por Agustín Tosco, por Evita, por Juana Arzuduy, por San Martín, por los obreros de la Patagonia rebelde, de La Forestal, por el padre Mujica, Angelelli, el pocho Leprati, Madres y Abuelas de Plaza, hasta la generación militante que perdió (perdimos) 30 mil compañeros, el 70 % trabajadores y delegados gremiales, hasta la CTA, Milagro Sala, los movimientos sociales, las organizaciones de DDHH…
Hablamos del Bicentenario, pero la mayoría de la gente no sabe de qué se trata salvo que lógicamente se cumplen 200 años de la Revolución. Producto esto del vaciamiento cultural pregonado por el imperialismo occidental, con la obvia facilitación de los lacayos internos.
Bicentenario, 200 años de lucha por un país justo, inclusivo, solidario. Hubo que luchar, hubo sangre para conseguir la democracia; luchamos y seguiremos luchando para reivindicar lo conseguido y profundizarlo. Cambiar para seguir mejorando.
200 años también de traiciones: Rivadavia, Urquiza, Roca, La Libertadora, los civiles que apoyaron (y apoyan) golpes de Estado.
De acuerdo a Lido Iacomini de Movimiento Patria Grande, los debates del Bicentenario no se pueden separar de la coyuntura: Mientras “Ñ” (del Grupo Clarín) contrapone su nostalgia de la paz y abundancia del Primer Centenario (la paz de la Ley de Residencia y la abundancia oligárquica del país agroexportador) a la decadencia, empobrecimiento y fragmentación del país del Bicentenario, Carta Abierta recoge las deudas de una revolución inconclusa en la exaltación de un Bicentenario con potencialidad de emancipación y Patria Grande, ubicando en su justo lugar a los verdaderos protagonistas –invisibilizados- de nuestra historia. El relato histórico cobra un nuevo sentido, reubicando los cauces que escudriñen muestro destino.
Y como decimos en la bienvenida de nuestro blog, el éxito está lejano. La utopía es nuestra y nadie la puede arrebatar. Solo tu desánimo. La única derrota inmodificable, es la del convencido. La del que se cree solo. Somos muchos los que imaginamos un país distinto, mas justo, solidario, sin excluidos, en armonía con la Tierra, sin patrones rapaces y con futuro para sus niños, sin bombas ni depredadores. Nadie nos puede arrebatar la esperanza.
Amanece.