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lunes, 8 de noviembre de 2010

Rumores

Subimos y difundimos artículo de nuestro compañero en Iniciativa Popular Alejandro Migliaro, publicado originalmente en su blog http://www.aminomelovasacontar.blogspot.com/.


La cantidad de rumores inútiles
que un hombre puede soportar
es inversamente proporcional
a su inteligencia[1].

Rumores.
La reciente desaparición física del ex presidente Néstor Kirchner mostró una vez más – además de una enorme manifestación popular de afecto – que el pueblo argentino se encuentra permanentemente sometido a operaciones psicológicas[2] por parte de sus enemigos declarados: el poder financiero mundial a través de su brazo comunicacional[3] - que en nuestro país constituye el grupo Clarín y el diario de la oligarquía local La Nación - y sectores del ejercito y los servicios del inteligencia – que fueron justa y correctamente desplazados de sus cargos – y no creen en una sociedad construida sobre los valores de Verdad y Justicia. Pretenden desmoralizarnos que es nada más ni nada menos que lo que Néstor Kirchner llamaba el operativo desánimo para someternos a los designios del gran capital y su imperialismo del siglo XXI convirtiéndonos en una factoría que se dedique a exportar materias primas y recursos naturales para que los países centrales y colonialistas (EEUU, Inglaterra, España, Alemania. Italia entre otros) los manufacturen y nos los vuelvan a vender.  

El hecho.
Todavía no se había dado sepultura al ex presidente cuando se echaron a correr rumores sobre aquél que por respeto a la dignidad no reproduciré[4].   

¿Qué es el rumor?
El término “rumor” proviene del latín “rumor - rumoris” y este de “rugitus”: ruido. Edwar Glover, el psicólogo que enseñó al pueblo inglés a defenderse de las operaciones psicológicas llevadas adelante por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, lo define como un “ruido intimidatorio”[5]. Constituye una de las técnicas especiales de las operaciones psicológicas y consiste en un informe específico sobre un asunto que interesa a mucha gente, de autenticidad dudosa y origen no comprobable que pasa de persona a persona, generalmente por vía oral[6]. La actualidad tecnológica facilita el instrumento y ha determinado que ahora se propague por vía correo electrónico. El rumor corre más de prisa y es más dañoso en momentos de tensión social[7]: la muerte del ex presidente cumple con el requisito. Es función de la importancia del asunto multiplicada por la ambigüedad de noticias en ese momento y la falta de hechos concretos. Aquí encuentra, la mano de obra desocupada de los servicios de inteligencia, el punto para operar: el digno, respetable e incuestionable hecho de velar al ex presidente a cajón cerrado fue manipulado para instalar el indigno rumor. Frade Merino, coronel de Artillería del servicio del Estado Mayor del Estado Español, explica que los rumores surgen en torno a pequeñas facciones de verdad que se deforman adaptándolas a una historia que concuerde con los deseos, odios o temores de la gente[8]. En este caso claro está, los profetas se valen del odio ya que el rumor se ve impulsado por este sentimiento, explotándose prejuicios, basado en la tendencia de mucha gente a creerlo, (el correo que circula termina diciendo: Es muy raro pero son los Kirchner). Concluye el citado autor del tratado sobre guerra psicológica que: “en realidad se les da crédito porque uno quiere creer en ellos”[9]. 

Como enfrentarlo
Para enfrentar al rumor se deben tener en cuenta distintos principios. Analizaremos aquí solo los pertinentes al caso. El primero es que el rumor, para que sea aceptable, no debe tener conexión aparente con su verdadero promotor. Si se sabe cual es la mano que tiró la piedra y el interés que hay detrás de ella, pierde su valor. Por ello se fundamenta o se refuerza por medio de una autentificación de la supuesta fuente difusora – que claro está no es la real-. Como el rumor es una amalgama turbia de hechos dudosos, siempre le merecerá dudas a un interlocutor inteligente (como lo destacaba Schopenhauer). Así se explica que al escuchar un rumor, éste suele reforzarse con sentencias tales como: “me lo dijo de buena procedencia el marido de mi prima quien tiene un cuñado que es asesor del ministro”[10] Si se observa puede verse que ningún diario o medio de difusión masiva repitió la infamia por lo insostenible y para no ser vinculado al origen de ella. Vease que cuando la conductora nombrada lo hizo fue diciendo “saben lo que se dice en la calle …” modo subrepticio de hacerlo correr pretendiendo – sin ese resultado claro está - no quedar pegado. Por ello debemos investigar desde donde salió el rumor. Investigado esto nos encontramos con que el disparador del rumor fue el seprin. Este último es un portal de noticias que suele difundir información falsa –“pescado podrido” en la jerga periodística- a efectos de armar operaciones para ciertos sectores que los financian. Cuando el periodista de Indymedia Cristian Sanz relevó el portal informó: “muchas batallas políticas y algunas operaciones de prensa se desarrollan a través de este sitio, dejando a los ilusos lectores con la idea de que están leyendo periodismo de vanguardia, algo realmente falso. Este periodista ha analizado las predicciones e informaciones de Seprin durante casi 10 meses y pudo comprobar que el 80% de lo que publica resulta siendo falso. Estadística pura”[11]. El sitio se hizo conocido cuando convocó a un foro virtual a los cientos de agentes de Inteligencia que habían sido despedidos de la SIDE (secretaría de inteligencia del Estado) para que contaran sus secretos más incontables, producto de sus años de trabajo en la secretaría y es oportuno recordar que el significado de Seprin ha sido en sus comienzos Servicio Privado de Inteligencia, siglas que fueron cambiadas oportunamente por Alderete – su creador -  trocando la palabra “Inteligencia” por “Informaciones. Con ello ya queda desacreditado el promotor. Por otra parte es necesario recordar que deben refutarse solo aquellos rumores que permitan hacerlo de un modo absoluto y concluyente[12]. Esto es así puesto que de otro modo la publicidad al rumor puede ser más peligrosa que el silencio. En el caso expuesto no existe posibilidad de mostrar el hecho que desacredite el rumor, razón por la cual se debe omitir toda respuesta al mismo y dejarlo morir en su indignidad. Frente a un sujeto que lo repita solo debemos expresarle nuestro desagrado por cuestionar una decisión que es propia de la familia y preguntarle si le parece correcto - frente a la muerte de un pariente suyo – que sean los terceros ajenos a la familia quienes definan el modo de velar y decidir el destino de sus restos. Si pretendemos la continuidad del proyecto que dirige CFK debemos estar preparados para soportar toda clase de indignidades, de parte del enemigo,  sin que caiga nuestra fe y confianza en la victoria. Victoria para la que deberemos trabajar hoy más que nunca con todas nuestras energías.
[1] Arthur Schopenhauer.
[2] Conforme ya lo hemos expuesto desde hace tiempo en los siguientes artículos: Cabeza de Turco que puede leerse aquí:http://aminomelovasacontar.blogspot.com/
Operación pánico diestro que puede leerse aquí
El lenguaje y la propaganda política que puede leerse aquí:
[3] La relación entre poder financiero y medios de comunicación ha sido explicada en el artículo “El principio republicano de la periodicidad de los mandatos” que puede leerse aquí:  http://aminomelovasacontar.blogspot.com/search?updated-min=2010-01-01T00%3A00%3A00-08%3A00&updated-max=2011-01-01T00%3A00%3A00-08%3A00&max-results=2
[4] En lo mediático fue Mirta Legrand en su programa la que repitió semejante infamia. Se trata del personaje nefasto que trabaja en el canal America TV de propiedad del filántropo colombiano y que, según el diario perfil informó en julio del corriente año, dado su neto perfil antikirchnerista pasaría a Canal 13 del grupo Clarín.  http://www.perfil.com/contenidos/2010/07/30/noticia_0022.html
[5] Edward Glover. Psicología del miedo y el coraje. Ed. Pleyade. Pág. 53.
[6] Frade Francisco Merino: La Guerra Psicológica. Ed. Pleamar. Pág. 104.
[7] Frade. Op cit. Pág. 104.
[8] Frade. Op cit. Pág. 104
[9] Frade. Op cit. Pág. 104
[10] Teoría y práctica de la propaganda contemporánea. Cesar Hidalgo Calvo. Pág. 178.
[12] Frade. Op. Cit . pág. 105

viernes, 15 de octubre de 2010

El conocimiento: cuarto factor de la producción

A continuación re-publicamos un artículo de gran lucidez acerca del período actual, remitido por Carta Abierta La Plata a nuestra casilla de correo electrónico.
El conocimiento: cuarto factor de la producción. Economía y sociedad.
Publicado el 6 de Octubre de 2010. Por Enrique M. Martínez, Presidente del INTI.

"Esta vez no han venido con tanques, han sido acompañados por generales multimediáticos..."
(Cristina Fernández de Kirchner, Presidenta de la Nación)
Un país que aspira a construir libremente mejor calidad de vida general, debe poder contar cada día con mayor bagaje de conocimiento productivo a disposición de la comunidad.


La economía clásica, esa que desarrolló su teoría acompañando la instalación del capitalismo en todo el planeta,
establece tres factores independientes y concurrentes para concretar acciones productivas: tierra, trabajo y capital. Cada empresa resultaría de una combinación de cantidades de los tres factores, buscando una optimización de costos, que a su vez sea compatible con las limitaciones específicas de uso de cada factor.
En ese juego teórico, aparecen alternativas para un mismo fin, según se utilice mucho capital en proporción al trabajo, lo que se traduce en mucha maquinaria, o, a la inversa, mucho esfuerzo humano directo. Se habla de
industrias capital intensivas o trabajo intensivas. Las primeras generarían menos ocupación que las segundas y a su vez requerirían buscar inversores más poderosos. En ese marco, las industrias trabajo intensivas son las que atenuarían los problemas de desocupación con mayor rapidez, a expensas una menor “modernidad” o productividad, al contar con menos máquinas automáticas, como sucedería en la opción capital intensiva.
Hasta aquí llegan los habituales comentarios o análisis políticos sobre los factores de producción. Sin embargo, hay mucha más tela para cortar en esta cuestión. En primer lugar, hay que tener en cuenta el conocimiento como cuarto factor. Hace unos cincuenta años aparecieron miembros del club de los clásicos que admitieron la 
necesidad de tener en cuenta los saberes como determinantes de la producción. Primero, diferenciaron el trabajo calificado de aquel otro sin formación. Luego, con reservas infinitas, terminaron hablando del conocimiento, la tecnología, como un componente independiente, cuya presencia es condición necesaria para viabilizar un emprendimiento. Al presente, este concepto no tiene objetores firmes. Sin embargo, ni con tres factores ni con cuatro, la economía clásica o sus variantes neoliberales incursionan en la discusión que más importa: cuál es la 
jerarquía relativa de esos factores, cómo se determina la combinatoria y en qué proporción. Eso sucede porque la teoría necesita que los factores parezcan independientes, aunque la realidad del capitalismo globalizado haya establecido que el capital sea el factor hegemónico y, por lo tanto, la presencia y la retribución relativa de los otros tres no sea fruto de infantiles equilibrios teóricos entre oferta y demanda, sino simplemente determinado por el poder del capital. Las políticas públicas que apunten a hacer viables mayores niveles de justicia social
deben necesariamente tener en cuenta esta clara hegemonía actual del capital y deben tratar de condicionarla y contrarrestarla. 

En otros documentos podremos analizar las líneas de acción posibles respecto de la tierra o el trabajo, pero en este momento agregaré algunas reflexiones sobre el conocimiento, el factor recién llegado a la ecuación.

Hay varios planos de conocimiento productivo posibles. El primero es el reclamado habitualmente por muchos ámbitos empresarios: la llamada “mano de obra calificada”. Como una más de las tantas ratificaciones de la hegemonía casi brutal del capital en la sociedad moderna, se espera que el Estado sea el encargado de formar técnicamente a los asalariados industriales y se señala, por caso, el deterioro de las escuelas técnicas a fines del siglo recién concluido, como una exclusiva responsabilidad pública. Esta es una más de las discusiones
pendientes, sobre socialización de esfuerzos que luego tienen apropiación individual. Un segundo plano es el del saber abarcador, el “saber cómo” producir un determinado bien. Este constituye la esencia del factor de producción conocimiento. Las grandes corporaciones multinacionales atesoran estos saberes con particular devoción. Desarrollan componentes en sus propias unidades de investigación, los complementan con acuerdos con universidades u otros centros de creación intelectual y ponen bajo siete llaves de patentes todo logro final.
Saben de qué se trata y su importancia. Un país que aspira a construir libremente mejor calidad de vida general debe poder contar cada día con mayor bagaje de conocimiento productivo a disposición de la comunidad. Desde las industrias más simples hasta las de creciente complejidad, no habrá forma de reducir el poder hegemónico del capital que no esté asociada a conseguir que cualquier ámbito social pueda disponer de conocimiento productivo, y este tendrá que poder ser incorporado al propio tejido, sin depender sólo de la vocación de algún
inversor por comprar ese conocimiento en algún otro lugar y luego “generar empleo” allí. Esta es una responsabilidad pública. La formación de técnicos y profesionales no puede estar orientada centralmente a proveer trabajo técnico al capital. En todo caso, esa debe ser sólo una opción entre varias. Los otros caminos deben incluir tanto a las universidades como a los organismos del sistema de ciencia y tecnología argentino, con una mirada nueva. El conocimiento, en tal caso, será realmente un factor independiente del desarrollo nacional y
no un elemento subordinado que se aporta por demanda a quien lo incorpore a una ecuación de costos y compare esa posible provisión local con los costos de la casa matriz o con los de importar los bienes terminados desde China, o a quien simplemente tome la decisión de mantener el bloqueo sobre el conocimiento, a partir de más y más patentes inscriptas en el mundo central.