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viernes, 14 de enero de 2011

La cosa en Santa Fe

Fuente: http://www.lacapital.com.ar/opinion/La-encerrona-del-PJ--20110109-0018.html


La encerrona del PJ, un análisis desde La Capital



Pese a la inédita división de las ofertas electorales en el Frente Progresista, el Partido Justicialista santafesino muestra poca vocación de poder a la hora de posicionarse para recuperar la Gobernación.
  La raspadita peronista tiene hoy tantos candidatos como estrategias disímiles. Ricardo Spinozzi, Agustín Rossi, Omar Perotti, Rafael Bielsa, Juan Carlos Mercier y Oscar Cachi Martínez mantienen sus pretensiones de pelear por la Gobernación, lo que sería un hecho auspicioso en tanto y en cuanto esas voluntades estén cubiertos por el mismo paraguas de la estructura PJ. Pero, la dispersión a la hora de ir por adentro o por afuera hacen amanecer inútiles los intentos de desplazar a la alianza entre socialistas y radicales de lo más alto del poder político.
Para que la unidad (al menos con una sutura de emergencia) sea la nueva noticia todo dependerá de la voluntad de la Casa Rosada. Poco le debe satisfacer en términos cuantitativos a la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, que en una provincia clave como Santa Fe el justicialismo luzca derrotado y parcelizado en varias expresiones.
Modelo para armar. El presidente de la bancada oficialista en Diputados, Agustín Rossi, continúa con la decisión tomada de evitar una interna a menos que reutemistas y obeidistas expresen de manera asertiva su apoyo incondicional al “modelo nacional”. El legislador meritúa que en los próximos comicios puede ser el receptor de la mayoría de las voluntades que hoy respaldan a Cristina y que eso lo dejará en el panorama santafesino con un plafón de votos suficientes a futuro para quedarse con el partido. Sabe Rossi que en el 2015 —por una cuestión hasta biológica— Carlos Reutemann y Jorge Obeid verán difuminar sus liderazgos. El diputado les ha dicho a sus seguidores que mantendrá la decisión de ir por afuera a menos que desde la Nación ordenen un cambio de estrategia.
   Pero, la táctica rossista no termina de convencer a muchos intendentes santafesinos que han tomado la decisión de esperar novedades y, mientras tanto, monitorear lo que sucede políticamente en Santa Fe. No es un dato menor que el 24 de julio se defina el poder provincial, no sólo en la punta de la pirámide sino también en cada uno de los municipios y comunas santafesinas.

Las dos puntas. Bielsa, atento a la jugada de Rossi y a las dudas que despierta en cierto conglomerado PJ la estrategia del Frente para la Victoria, intenta pararse como el puente entre el reuteobeidismo y el kirchnerismo. Su presencia en el palco presidencial levantado en Leones llevó esa impronta, y sus diálogos con dirigentes reutemistas para que apoyen su candidatura termina de pintar ese cuadro. En los últimos días hubo reuniones entre el ex canciller y postulantes rosarinos a la Intendencia para bosquejar acercamientos.
   En el reutemismo, Spinozzi logró hasta el momento el mejor armado en los 19 departamentos, aunque carga con un alto índice de desconocimiento. En ese vector sufren la ausencia de Reutemann, quien se mantiene al margen de la campaña incluso para sostener con gestos propios la postulación de su ex secretario general de la Gobernación. El silencio del Lole les hace sentir envidia por lo que sí ha hecho Hermes Binner por su delfín, Antonio Bonfatti. “Nos gustaría tener un jefe como Hermes”, apuntan, nostálgicos, en privado.
   Perotti aspira también a ser un candidato de síntesis entre reutemistas, obeidistas y kirchneristas, al tiempo que Jorge Obeid sigue esperando una candidatura presidencial de Reutemann y que todo el antikirchnerismo le ofrezca ser el as de espadas del sector. Una pretensión que suena utópica en el desprolijo campamento peronista. En tanto, Cachi Martínez dijo por primera vez que está dispuesto a competir en la interna del PJ contra Spinozzi, Perotti y Mercier.

El turno de febrero. Será el congreso partidario del 5 de febrero el que termine de formatear una realidad al menos previsible para los justicialistas. Desde ahora hasta esa fecha las expectativas deberán estar centradas en las señales que lleguen (o no) desde Balcarce 50.
   En Rosario, Giuliano recorre las seccionales, arma equipos y muestra una elogiosa voluntad de trabajo sin referencias provinciales. En las últimas horas creció el rumor de que bajaría su candidatura a intendente para pelear por otro cargo, algo que por el momento no sucedió. El concejal busca competir en la interna con Héctor Cavallero, al tanto de que si el Tigre va por afuera el sueño para uno u otro de llegar a la Intendencia se vería bloqueado.

Kirchnerismo rosarino. En el kirchnerismo, además de Cavallero y Juan José Giani despuntará próximamente otra candidatura a intendente. Desde el Movimiento Evita decidieron apoyar provincialmente a Rossi pero no a Cavallero ni a Giani. La candidatura a intendente le fue ofrecida a Fernando Rosúa (hijo del ex ministro de Gobierno de Obeid) y el primer postulante a concejal será Eduardo Toniolli. Este nuevo esquema se decidió en las últimas horas pero podría modificarse si la decisión finalmente redunda en que el kirchnerismo compita en las internas del PJ.
   Las divisiones, el internismo creciente y la falta de vocación de poder en el PJ santafesino permiten que el socialismo, con sus disputas intestinas, siga jugando en el bosque mientras el lobo no está.

martes, 24 de agosto de 2010

Coherencia y cálculo: Los dilemas del kirchnerismo con vistas a 2011.

Por Aurelio Argañaraz
Publicado en el diario “Comercio y Justicia” el 23 Agosto 2010
Hace unos días, una mujer comprometida con el proceso que encabezan Néstor y Cristina, ante la posibilidad de que el kirchnerismo quiera mejorar su performance en 2011 por medio de un pacto con De la Sota y Cía., me decía: “Es preferible perder con dignidad”.
Inversamente, aquellos que defienden la posición pactista (exceptuando aisladas defensas a De la Sota, hechas en nombre del rechazo a un eventual triunfo de Aguad) alegan, como “realistas”, que lo importante es triunfar… en el orden nacional. La postulación “principista” ignoraría, para esos pragmáticos, las consecuencias terribles de una eventual victoria de la oposición conservadora; algo que será fatal para el país y se proyectará a Latinoamérica, con grave retroceso de la causa continental. Una afirmación, esta última, que compartimos todos, pero cuyo dramatismo, por justificado que sea, no debería paralizar toda reflexión, incluida aquella es necesaria para ponderar la consistencia de un cálculo electoral, con la serenidad que exigen las grandes batallas.
A nuestro juicio, si se atiende a los hechos (la única verdad es la realidad, nos recuerdan los peronistas, cuando reflexionamos “demasiado”), la posición “realista” peca de ingenua. Da por sentado lo que debe probar: 1) la disposición de De la Sota a establecer ese pacto, en términos aceptables y beneficiosos para Kirchner; 2) su capacidad efectiva para hacer que su clientela, fundamentalmente antikirchnerista, vote por el candidato presidencial del oponente, contrariando la orientación de los sectores que apoyan al ex gobernador, que transformó bajo su influjo el PJ local en un núcleo conservador que obtiene sus votos en el interior sojero y ha destruido su aptitud para expresar al electorado obrero y popular de nuestra provincia. Sus bases de apoyo más firmes, su aparato y sus funcionarios odian a los K y De la Sota es consciente de esa situación, que lo reafirma en su orientación conocida y consecuente de figura de la derecha, que lo ha caracterizado en toda su trayectoria. Estamos aludiendo a la ideología del personaje, a una conducta coherente en sus apreciaciones e inclinaciones (“Las madres de los desaparecidos debieron cuidar a sus hijos”, es un ejemplo paradigmático) y a circunstancias que proveen un marco de referencia que cualquier político debe atender, para no perder el pan y la torta.
Observaciones, éstas, completamente ignoradas por los pretendidos “realistas”, que por subestimar la coherencia y el sistema de fidelidades que determinan al liderazgo, por más fuerte que éste sea, no deberían incapacitarse para analizar seriamente, como auténticos hombres prácticos, la experiencia desastrosa de los acuerdos electorales que se ensayaron anteriormente, de 2003 en adelante, desechando la tentación de manejarse con ilusiones. No existen motivos para dar por comprobado lo que es improbable, también en este caso: la reciprocidad delasotista, su disposición a votar a Kirchner en las nacionales a cambio del apoyo a sus candidatos en Córdoba; todo bajo el paraguas de una aclamada y mentirosa “unidad del peronismo”.
El rechazo genérico a “los pactos con el enemigo” suele distinguir a las posturas ultristas y va acompañado de cierta incapacidad para resolver situaciones de relativa debilidad. No se puede desconocer que, en ciertos casos, para salvar lo principal es obligatorio no combatir en todos los frentes al mismo tiempo, hacer concesiones y tragarse un sapo. Sin embargo, nadie, salvo que la desesperación lo induzca al error o la impericia lo lleve a cometer una torpeza, ha de buscar acuerdos o hacer concesiones difíciles de explicar a la militancia y al pueblo sin alguna garantía de no acabar timado, por creerse un vivo.
Hechos, contra los números de una fantasía
Es importante señalar que, hasta el momento, lo que va del partido lo gana por goleada el ex gobernador. Mientras el kirchnerismo hipoteca todo su prestigio ante un amplio público nacional y progresista -que no aceptará un pacto contra natura- y frena el impulso de sus avances recientes en los sectores medios, De la Sota conserva la sangre fría y nada arriesga a favor del arreglo, logrando que los costos los pague el otro. No sólo eso. Para animar a sus amigos y sacarse de encima los reproches del antikirchnerismo, concurrió a la cita del inefable Bergoglio y se dejó fotografiar con Chiche Duhalde.
Sin demasiada estridencia, con bajo perfil, para no desatar la ira de Kirchner y mantener en la gatera al kirchnerismo de Córdoba, que no lo ataca, no ha dudado en ratificar cuáles son los actores y socios verdaderos, para salvar su prestigio de conservador y enemigo del actual gobierno. Como es obvio, no hará, mientras pueda, ninguna declaración o ningún gesto que contradiga definitivamente las expectativas pactistas que benefician su juego y logran paralizar, por el momento, al contrario.
El liderazgo K, por su parte, es víctima de una visión que ignora la magnitud del electorado independiente y cree que los partidos, tal como era antes de 2001, siguen teniendo “la vaca atada”. Esa falta de conciencia sobre un dato trascendental de la realidad del país le ha costado al kirchnerismo serios reveses. Más realista en cuanto al vínculo con sus huestes, sin hacer ola, De la Sota dio un mensaje tranquilizador: “No se preocupen, amigos, el gallego, aunque no haga ruido, está en lo de siempre”.
La piedra fundamental del cálculo delasotista es, sin embargo, el manejo del almanaque. Veamos: las internas abiertas, en el ámbito nacional, están previstas para el mes de agosto y las elecciones nacionales para octubre. Con el puñal escondido De la Sota quiere, en Córdoba, elecciones internas (pretende lograr que Accastello concurra, convalidándolas) para el mes de marzo y culminar en julio con las elecciones provinciales (algo que Schiaretti ha puesto en duda el jueves pasado). ¿No es suficiente para advertir que se libera de toda reciprocidad y que una vez realizadas las elecciones cordobesas podrá hacer públicas sus verdaderas preferencias, en agosto y en octubre de 2011?
Recordemos las elecciones de 2007, para no tropezar con la misma piedra. Planificadas hasta en el detalle para burlar a todo el mundo, las maniobras delasotistas burlaron a Juez pero también al kirchnerismo: cuando Schiaretti ya era gobernador electo, De la Sota salió a ventilar por los diarios sus críticas a Kirchner y su política económica (las retenciones a la soja, etcétera). Un mes más tarde, complicado el kirchnerismo por las verosímiles denuncias de fraude en Córdoba, que movilizaron a multitudes en la capital provincial, la candidatura de Cristina pagaba caro el precio de la complacencia hacia el “aliado”. ¿O nos olvidamos ya de que concluyó así la famosa táctica de “las dos canastas”, que preveía acumular los votos de Juez y De la Sota en las nacionales para llegar a un fantástico 65 por ciento?
No mejoró las cosas el frente con Ruitort, el año pasado. La “aliada” hizo por separado “su campaña”, destiló veneno contra el Gobierno nacional, no aportó un voto y generó muchas dudas en algunos sectores próximos al gobierno. Personalmente, me sentí obligado a dar una respuesta que salvara la situación, tratando de persuadirlos de que se “taparan la nariz” ante esos candidatos y dieran de todos modos su voto al kirchnerismo, en una asamblea de Carta Abierta.
Como táctico, desde 2003 hasta hoy, es lamentable reconocerlo, pero más lo sería que vuelva a ocurrir, De la Sota ha sido más astuto que Kirchner, en la pelea por extraer todas las ventajas y entregar a cambio trofeos de hojalata y promesas incumplidas. Esta vez, hasta ahora, mantiene vivas las esperanzas de su enemigo. El liderazgo provincial y el activo del kirchnerismo no pueden aprovechar, bajo ese marco, el franco resurgimiento de un apoyo social que busca expresarse y que no será arreado a un pacto tramposo, que desmoviliza al conjunto de una militancia potencial, afín a fenómenos como 678 y Carta Abierta; gente que se reúne en las plazas y en los pueblos, que desconfía y rechaza los arreglos oscuros y quiere que reconozcamos de una buena vez que el desarrollo propio, más posible que nunca, será obra de nuestra claridad, de la movilización de la militancia y del alimento que brindemos a una juventud dispuesta a trabajar en el espacio, para defender el curso que sigue el país y profundizar las realizaciones iniciadas en 2003, jugándose con toda energía para integrar a Córdoba en el proyecto nacional.

martes, 3 de agosto de 2010

Las elecciones 2011 y el movimiento obrero

Por Aurelio Argañaraz. Iniciativa Popular-Grupo Cañada.
Publicado originalmente ayer en Comercio y Justicia de Córdoba.


En el auditorio de la UEPC, invitada por la CGT de Córdoba, escuchamos recientemente a la nueva presidenta del BCRA, Lic. Mercedes Marcó del Pont. Destacamos el valor de que la titular del Central, para horror del establishment, hablara expresamente de los intereses generales de la clase trabajadora y de cómo se vincula la defensa de sus reivindicaciones con la lucha por consolidar el modelo productivo que busca desarrollar el actual gobierno. Pero queremos reflexionar, en esta oportunidad, no sobre el discurso de la militante-funcionaria, sino sobre la iniciativa que dio lugar al feliz encuentro y la necesidad de que inaugure una verdadera campaña del movimiento obrero de esclarecimiento sistemático con respecto a los vínculos que unen la lucha por el salario y las demás reivindicaciones específicamente gremiales con la defensa política de un proyecto de país que precisa consolidarse y superar la emergencia de los comicios de 2011.
No es posible ignorar que los asalariados deben asumir con plena conciencia esa tarea, imperiosa y vital. Es insostenible la idea de que puede disociarse la lucha por recomponer el salario, proteger el empleo, mejorar la recaudación del sistema provisional y las jubilaciones magras que aún tenemos, blanquear el trabajo de los sectores más postergados, en una palabra, de lo que indudablemente da sentido a la actividad gremial, con lo que hagamos para sostener políticas de Estado orientadas a proteger los derechos laborales y el desarrollo del país, en suma, políticas propensas a vincular la creación de riqueza con una expansión del mercado interno que apela, por su misma lógica, a la generación de consumidores, a una redistribución progresiva del ingreso.
Para decirlo abiertamente, con ánimo de sacudir posibles letargos: si el acontecimiento memorable de traer a Córdoba a una gran economista de la causa nacional fuese nada más que una ocurrencia casual, carente de continuidad y de una visión clara de las perspectivas y las fuerzas obrantes en la sociedad y la política, el movimiento obrero podría equivocarse y limitar su función a lo meramente gremial, ignorando la necesidad de que participe en la lucha por preservar las condiciones que permitieron a los sindicatos recuperar su capacidad de negociación sectorial, en el marco de una gestión del Estado que apuesta otra vez a la producción y al trabajo, a usar los recursos y el poder público en beneficio de la comunidad.
¿Puede alguien creer que lo que hemos recuperado en los últimos años puede conservarse en otro contexto, en el que prevalezcan las fuerzas que fueron desplazadas en 2003, luego de llevarnos a la peor crisis de la historia nacional? Obviamente, lo sostendrán los que hundieron el país en la ruina y a los trabajadores en la miseria. Protestarán, además, por la “desnaturalización” de lo sindical, al incursionar en “lo político”. Será inútil decirles que los asalariados sufren cuando la Nación se achica y que el ejercicio de la política, en sentido amplio, es parte sustantiva de su defensa como sector.
Los sindicatos y la década del 90
La decadencia del país, originada en la frustración del proyecto nacional surgido en las fraguas del año 45, terminó por afectar, como era esperable, el poder de los sindicatos y el ingreso obrero, sin hablar del resto de las condiciones del trabajo. En la década del 90, las privatizaciones menemistas y la extranjerización de la economía, sustituida la producción por la especulación y la timba, hasta el fatal desenlace del 2001, la desocupación creciente y el derrotismo reinantes tornaron ineficaz la acción colectiva e implantaron un despiadado “sálvese quien pueda”.
Limitados a la administración de las obras sociales, en un contexto de desafiliación creciente, los gremios reflejaban la derrota de las mayorías y marchaban hacia su destrucción o vaciamiento de sentido.
Aún hoy, importa señalarlo, no han recuperado el rol que conquistaron en el ascenso del peronismo histórico. En el marco de la decadencia, la “renovación peronista” de mediados de los 80 los apartó del comando de un movimiento en crisis, que buscaba agiornarse sobre el modelo alfonsinista y amenazaba con adoptar, bajo el imperio de De la Sota, en imitación simiesca, rituales propios de la política norteamericana, con asesores de imagen importados y espectáculo de porristas.
Ese ciclo no ha concluido, en el caso de Córdoba. Un bipartidismo conservador ha gobernado esta provincia desde el 83 en adelante. Bajo Angeloz, Mestre, De la Sota y Schiaretti hemos padecido la destrucción de la Córdoba que construyeron Ramón J. Cárcano, Amadeo Sabattini y el brigadier San Martín. Con ella se opacaron las tradiciones combativas de la Reforma Universitaria y del Cordobazo, claramente incompatibles con el ánimo derrotista y el grave desconcierto que se impuso en las mayorías, dentro de un marco nacional decadente. La emergencia de Juez, que pareció iluminar ese sombrío cuadro, se agotó rápidamente, arrastrado por el oportunismo brutal del “rebelde”, que terminó sobre un tractor de la Mesa de Enlace, junto con Schiaretti, De la Sota y Aguad.
Nacionalismo popular o delasotismo
Es imprescindible refundar en Córdoba una fuerza nacional, democrática, obrera y popular, capaz de integrarnos genuinamente a la perspectiva política abierta con el kirchnerismo. Para hacerlo, dos condiciones son imprescindibles:
1) Renunciar a la alquimia de pactos contra natura, que desdibujan el campo propio y desarman a una militancia que necesita salvar la coherencia de su proyecto, para construir en el territorio con autoridad moral y solvencia política. El electorado independiente, que es mayoritario en el actual marco de crisis de la representación, no tolerará la inconsecuencia de avalar a quienes destruyeron la Caja de Jubilaciones y “resolvieron” la cuestión recortando haberes; usaron la represión para enfrentar la protesta y judicializaron la rebeldía; lucraron con el contrato de trabajo precario, dentro de la propia administración pública; fomentaron los call centers y otros “emprendimientos” basados en la explotación de “trabajo-basura”; intentaron privatizar el Banco de Córdoba y EPEC, para ponerlas en manos de aventureros y delincuentes; dañaron la atención médica de los empleados de la provincia colocando al IPAM al servicio de las gerenciadoras; se esmeraron en apoyar los abusos múltiples de Aguas Cordobesas, dando continuidad a la entrega mestrista; remataron el patrimonio inmobiliario de la provincia y utilizaron el Estado para impulsar aventuras faraónicas descabelladas; congelaron el impuesto Inmobiliario rural, privilegiando al sector que lidera la evasión y el empleo en negro.
2) Asumir el hecho de que son incompatibles los intereses que expresa el movimiento obrero -que necesita refirmar las banderas históricas del 17 de Octubre, para defender consecuentemente a los trabajadores y al país- y la degeneración delasotista del justicialismo cordobés, situado actualmente entre las fuerzas conservadoras de la política provincial, en el mismo terreno en que militan Aguad y la Fundación Mediterránea. Enumerar sus iniciativas y actos de gobierno basta para comprobar esa oposición irremediable que sólo se zanjará con la derrota delasotista, cuando sepamos retomar, con lo mejor de la militancia nacional y popular, las mejores tradiciones de una provincia que requiere, para que se exprese la progresividad de la mayoría de su gente, liderazgos patrióticos y comprometidos con lo popular. A los sindicatos de Córdoba les reclama la realidad una clara visión sobre quiénes son los enemigos del pueblo y cómo movilizar las fuerzas gigantescas que esperan el llamado a respaldar activamente una iniciativa patriótica genuina, ya que su destino depende de la consolidación de un proyecto nacional. Una vez más, la historia de Córdoba impone a los gremios el desafío de ocupar un rol de vanguardia, esta vez para reconstruir, en la provincia, un movimiento popular que recupere las banderas del desarrollo soberano y la justicia social y ofrezca a la provincia una política apta para impulsar coherentemente esa cultura del trabajo y la producción que destruyó el Proceso y los gobiernos que lo sucedieron, desde el 83 en adelante, sin modificar sustancialmente el rumbo inaugurado por Martínez de Hoz y nuestro comprovinciano, esa joyita del jardín delasotista, el inolvidable Cavallo.